Aaron Israelson: ‘Hemos hallado un centenar y medio de suecos mendigando en las costas españolas’

Demócratas de Suecia, un partido de origen nazi, aboga por seguir el ejemplo danés y deportar a todos los mendigos extranjeros

Aaron Israelson es el editor de Faktum, una revista mensual sueca especializada en retratar la situación social de los sin techo. Mientras Demócratas de Suecia abogaba por seguir el ejemplo danés y deportar a todos los mendigos extranjeros, Israelson envió una reportera a España para documentar que entre cien y ciento cincuenta migrantes suecos viven mendigando en las zonas turísticas del litoral español.

Una publicación sueca halló un centenar y medio de vagabundos suecos en España.

Barcelona |Ferran Barber. Faktum se ha ganado el respeto de buena parte de la sociedad sueca por la seriedad de sus trabajos y la consistencia de sus denuncias. Es también conocida por la originalidad de algunas de sus acciones de apoyo a los indigentes suecos. Recientemente, puso en marcha una campaña para la recaudación de fondos que consistía en ofrecer la posibilidad de alquilar como hotel algunos de los lugares emblemáticos donde duermen los mendigos de Gotemburgo a cambio de 100 coronas suecas (alrededor de 12 euros).

-Gracias al trabajo de su organización y de su publicación, se ha sabido que hay centenares de suecos, quizás algunos miles, que han abandonado su país como migrantes en busca de una vida mejor en España. A más de uno le habrá impactado que ahora vengan ustedes a dañar la siempre rutilante imagen internacional de Suecia…

-Realmente, no. Pero a un montón de suecos les ha sorprendido que nuestros propios ciudadanos hagan uso de la libertad de movimiento de la UE para huir de la pobreza. Creo que esto le ha abierto los ojos a mucha gente a la que le indignaba que otros países como Rumania o Bulgaria no cuidaran de sus propios indigentes. Parece ser que tampoco Suecia lo hace…

-¿Y qué es lo que trataban ustedes de demostrar?

-Que el libre movimiento es vital para la gente pobre, al margen del color de su piel o de su nacionalidad. Y que tendríamos que dejar de pensar que somos mejores que otros europeos como los rumanos.

-¿Han encontrado ustedes suecos viviendo en otros países?

-Aaron Israelson. Sí, muchos suecos sin techo viven en Tailandia y algunos más, en Francia y el Reino Unido.

-Parece que el estado sueco del bienestar ya no es lo que era…

-Al menos, hay una grieta en la pared. Las redes de apoyo de la seguridad social ya no funcionan como antes para aquellos que están más desconectados de la sociedad.

-Alrededor de 17.800 personas carecían de un techo en Suecia en 2010, según los datos proporcionados por Swedish Home Office. Y sin embargo, uno tiene a veces la sensación de que la pobreza extrema sigue siendo un tabú en Suecia.

-La extrema pobreza es algo muy raro en Suecia. Cuando los migrantes intracomunitarios comenzaron a llegar en 2007 desde Rumanía y Bulgaria se produjo una especie de shock entre muchos suecos. La mayoría de las ciudades suecas no habían visto un solo indigente durante generaciones. En las ciudades más grandes, había algunos a principios de los noventa, pero se desvanecieron. Ahora hay sin techo en todos los sitios, y los suecos se han tenido que acostumbrar a una nueva realidad bastante impactante. Por supuesto, también hay mucho racismo si consideramos que casi todos los mendigos son gitanos de origen rumano y búlgaro.

Yo creo que Suecia es al mismo tiempo un país no racista y un país que impone enormes barreras sobre los extranjeros inmigrantes

 

-Entonces, ¿cree usted que Suecia está penetrada por una xenofobia estructural?

-Yo creo que Suecia es al mismo tiempo un país no racista y un país que impone enormes barreras sobre los extranjeros inmigrantes. Si no en lo que se refiere al mercado de trabajo, sí al menos en cuestiones culturales. También creo que hay una xenofobia típicamente sueca que nos induce a pensar que somos amigables con los extranjeros mientras se nos llena la boca con nuestra superioridad moral. Ni siquiera somos conscientes de que a menudo miramos a los otros como moralmente inferiores.

-Y ahora también los suecos están convirtiendo al extranjero en el chivo expiatorio de su pequeña crisis de baja intensidad. Es algo que lamentablemente estamos viendo en toda Europa.

-Los extranjeros siempre han sido los chivos expiatorios en los tiempos difíciles. Lo que es fascinante es que los países que han atravesado la crisis con menores problemas estén también atrayendo toneladas de xenofobia. Me refiero, por ejemplo, a Noruega o a la propia Suecia. Probablemente, lo que está pasando es que no queremos arriesgar nuestro propio bienestar. Es una actitud tan insolidaria como tristemente comprensible desde una perspectiva humana.

-Hace poco más de un año ardieron coches en las periferias “extranjeras” de las grandes ciudades suecas. Y allí donde se concentran estos grupos de inmigrantes, se concentran también las denuncias desatendidas de abusos policiales y gubernamentales. ¿También en Suecia se está criminalizando la pobreza?

-Así es. Hay una tendencia creciente a observar la exclusión social y la pobreza como algo que tendría que ser criminalizado. Esto es evidente con respecto a los mendigos gitanos de toda Europa, pero también en relación a los migrantes procedentes de países pobres. Muchas de las personas que habitan en las sombras de nuestras ricas sociedades occidentales viven de facto en un estado policial apadrinado por el dinero procedente de nuestros impuestos y por el silencio cómplice de los ciudadanos. La gente no sólo está siendo víctima de la brutalidad y el acoso policial en nuestras calles, está también siendo deportada y enviada de vuelta a una muerte, una tortura o una persecución segura. Y eso, si no se han ahogado ya tratando de ganar Europa. Esa es la gran tragedia de nuestra época y el modo en que ignoramos esas atrocidades es aterrador.

-Como aterrador fue el silencio de esos miles de sanitarios suecos que tomaron parte hasta bien entrados los setenta en la esterilización de disminuidos síquicos y ciudadanos de etnia gitana.
-Tanto la esterilización como el registro de esos gitanos fueron actos criminales supuestamente cometidos por el Estado sueco para proteger del crimen a la gente. Incluso a día de hoy, los gitanos procedentes de Rumanía y de Bulgaria son sistemáticamente desalojados de los aparcamientos, bosques y campos donde instalan sus caravanas. Han sido expulsados sin alternativa alguna incluso de la ciudad de Gotemburgo pese a que existe una normativa que obliga a proporcionarles un lugar para dormir. De manera que en efecto, al igual que hace cien años, la tradición de expulsar a los gitanos nómadas continúa. En lugar de aplicar leyes anti racistas, sacan adelantes leyes racistas y anti pobres.

* Información originalmente publicada por Diásporas el 02/09/2014 .

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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