Carreteras secundarias y cenas recalentadas

Hace un año murió mi padre; me puse a mirar viejas fotos de carreteras secundarias y me dio por escribir esto

“Cada vez que me pongo a repasar carpetas de fotos desechadas me vienen a la cabeza aquellos versos de Batania sobre el montón de los poemas aparte. Está claro que los versos de verdad son los que hablan de rosas con petróleo, arañas recortadas y mañanas espinosas. Good morning, spider.

Por Ferran Barber. 26 de abril de 2016. No es cierto, como decía Cioran, que la vida sea una chulería de la materia. La vida es una consecuencia necesaria de la presencia de lo físico. La vida quiere ser. En los reactores nucleares y en las corrientes ferruginosas del río Tinto. Encontró su camino en el caldo primordial y lo hallará, tarde o temprano, en Plutón o en Andrómeda. Pero la existencia tiende a feo. Tiende a estar desenfocada. Si tuviera que crear una biografía con imágenes debería reunir cientos de fotos feas de escombreras, carreteras secundarias, apeaderos de tren, caminos polvorientos, cenas recalentadas y aparcamientos desiertos de las barriadas de la periferia. Quizá algún día lo haga.

Sí, es cierto, el pasado ya no es y el futuro está por ser, si es que en verdad ha de llegar. Pero a menudo pesan mucho. Puestas todas juntas impresionan, ¿no os parece? ¿Soy yo o hay algo terrible en ellas? Algo muy lúgubre y ceniciento que lo impregna todo y que se precipita en bucle por el cosmos. Es como si todas esas carreteras estuvieran a punto de derramarse en un abismo, como si anticiparan el imperio de la vacuidad… como si ellas mismas fueran el abismo o un agujero negro, más denso que la antimateria. Y luego están todos esos hombres y mujeres tristes yendo o viniendo de la fábrica, la escuela o la planta de enfermos terminales de un hospital soviético. ¿A dónde creen que van? ¿Quiénes creen que son?

Vistas así en conjunto parecen la antesala de un gulag… o la penúltima estación en el camino hacia Treblinka. Joder, necesariamente, uno se pregunta si la vida no será lo que sucede mientras miras a través de la ventanilla del autobús con la conciencia desmayada, al borde del paroxismo, balanceándote en el limbo del no-ser… o del apenas-soy…

Sé que alguien que decía ser yo transitó por todas esas carreteras, pero que me maten ahora mismo si me reconozco en esas fotos. Como dijo Cormac McCarthy en cierta ocasión, Dios no existe y nosotros somos sus profetas. Estoy mirando a la chica lituana del carrito y me parece oírla susurrándole al niño: “Tampoco a este lado del río Vilna quedan interlocutores de Dios. Se han ido todos, y se han llevado consigo el mundo. Tú, mi bebé, eres mi última garantía. Si no eres la palabra de Dios, Dios no ha hablado nunca. Si tú murieras, yo también debería morir. Tienes mi corazón, todo mi corazón. Y siempre lo has tenido”.

Alguien me preguntó ayer qué es el amor. Sin duda alguna, es nuestra última garantía, la última estación al final del camino. La muerte no es un amante y los buenos jamás se rinden. Supongamos, como Cormac, que ya no hay después. Que después es ahora. Los días como providencia de sí mismos. “La fragilidad de todo por fin revelada”. El amor es nuestra última forma de rebeldía durante nuestro último día en la tierra. Que no os engañen los poetas. El amor es un compromiso biológico, una reacción mecánica. Todo es más viejo que el hombre. El amor proyecta el estupor de los humanos ante las murmuraciones de misterio que emanan del universo. Visto de este modo, no tenemos elección”.

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Todo va a ir bien, ¿verdad, papá?
Sí. Todo irá bien.
Y no nos va a pasar nada malo.
Desde luego que no.
Porque nosotros llevamos el fuego.
Así es. Porque llevamos el fuego.

-Cormac.M.

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OpiniónPersonal

VERITAS filia temporis. Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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