El ‘Albiol’ de Amberes se convierte en el hombre más poderoso de Bélgica

Dos tercios de los belgas consideran que las riendas de su país no están en manos de su primer ministro, Charles Michel, sino del alcalde de Amberes, Bart de Wever, secesionista flamenco y auténtica bestia parda de los inmigrantes marroquíes

Dos tercios de los belgas consideran que las riendas de su país no están en manos de su primer ministro, Charles Michel, sino del alcalde de Amberes, Bart de Wever, secesionista flamenco y auténtica bestia parda de los inmigrantes marroquíes. Las xenófobas políticas municipales de este edil hacen casi bueno al alcalde de Badalona, Xavier García Albiol. 

 

Bart de Weber.

Barcelona | Ferran Barber. El acuerdo es unánime. Según el sondeo realizado por varios medios belgas de comunicación, el 65 por ciento de los valones, el 62 por ciento de los flamencos y el 64 por ciento de la población de Bruselas coinciden en que el verdadero hombre fuerte que marca y decide las políticas del país es el presidente de la Nueva Alianza Flamenca, lo que de ser cierto significaría que el destino del país está en manos de un hombre que inauguró su gestión al frente de la alcaldía de Amberes, en octubre de 2012, incrementando de 17 a 250 euros la tasa que deben pagar los extranjeros para inscribirse en el censo local.

Mientras el 59 por ciento de los habitantes de Bruselas y el 60 de Valonia, coinciden igualmente en que su gestión es abiertamente intolerante con la minoría musulmana, poco más de un tercio de los flamencos desaprueban sus políticas migratorias, lo cual tiene su lógica, considerando que es en las circunscripciones de Flandes donde su partido secesionista concurre a las elecciones y donde ha obtenido los apoyos necesarios para convertirse en la formación más votada de Bélgica. Concretamente, la Nueva Alianza Flamenca obtuvo en las generales del pasado año una quinta parte del total de los sufragios y un 30 por ciento del voto de los electores flamencos, los mismos que ahora dicen, mayoritariamente, que Wever no es intolerante con los musulmanes.

Los bereberes marroquíes denunciaron el mes pasado al primer edil por unas declaraciones realizadas en el canal flamenco de televisión.

Opinión bien distinta tienen los amazigh de Bélgica, cuarta comunidad de extranjeros del país por importancia numérica, tras italianos, franceses y holandeses. Los bereberes marroquíes denunciaron el mes pasado al primer edil por unas declaraciones realizadas en el canal flamenco de televisión. Wever justificó el racismo durante su intervención y aseguró que este es la consecuencia y no la causa de los problemas sociales que atraviesa Bélgica.

El alcalde de Amberes aseguró también que los magrebíes encabezan las estadísticas de desempleo porque no ponen empeño ni en formarse ni en hallar un empleo. “Existen ciertos grupos en nuestra sociedad que no tienen el empuje suficiente para buscar trabajo”, dijo textualmente, mencionando como ejemplo de ello a la comunidad bereber. Pese a las denuncias de racismo de las que ha sido objeto por parte de los aludidos, de Wever se ha negado a disculparse.

Sólo la población flamenca puede votar por Bart de Wever, y aun a pesar de ello, sigue siendo el político más popular de Bélgica. No son pocos los flamencos que le escuchan y comparten sus prejuicios sobre los inmigrantes. Entre los más extendidos se halla la idea de que los magrebíes no hacen esfuerzo alguno por integrarse. “El racismo viene de alguna parte”, aseguró el alcalde durante la intervención televisiva que ha desatado las iras de los amazigh. Era una justificación en toda regla de las actitudes xenófobas.

De Wever, pòr su parte, niega que sea un racista, dado que, según dice, el problema “es de origen cultural” y no guarda relación con la supremacia racial de los flamencos. A su juicio, la mejor solución para estas “disfunciones” es forzar a hablar flamenco a los holandeses y liberar a las mujeres del “velo opresor”.

La experiencia de los inmigrantes sugiere, sin embargo, a que aprender la lengua no modifica sustancialmente el (mal) trato que frecuentemente se les dispensa. Un activista albanés, Bleri Lleshi, invitó hace unos días a inmigrantes y descendientes de inmigrantes a que compartieran sus experiencias en las redes sociales. Los testimonios recogidos han sido espeluznantes. La profesora Olivia Rutazibwa menciona en su blog el caso de un estudiante obligado por su profesor a pedir perdón por lo sucedido el 11 de Septiembre.

Según Rutazibwa, catedrática belga de ancestros africanos, el racismo es particularmente agresivo y notorio en Flandes y va mucho más allá de esas terribles experiencias personales sufridas por los belgas de ancestros foráneos. En palabras de la docente, la marginación y la segregación racial se manifiesta sobre todo en las cifras de desempleo y en las estadísticas relativas al nivel educativo, en la calidad de la vivienda y en la criminalización de la pobreza que alienta de Wever.

En un tono bien distinto se refirió de Wever la pasada semana a un controvertido asunto periódicamente traído a colación por la dividida sociedad belga. Según el alcalde de Amberes, la colaboración con los nazis de las formaciones nacionalistas flamencas cuya herencia recoge su partido “fue un terrible error”. “Mi propio abuelo fue miembro de la Liga Nacional Flamenca, el partido que colaboró masivamente con los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial”, señaló durante una conmemoración del holocausto a la que asistían varios miembros de la comunidad judía de Amberes. “Se trata de una página oscura en la historia que el nacionalismo flamenco no debe olvidar nunca”, añadió el alcalde, en su día galardonado por la Fundación Sabino Arana.

*Información originalmente publicada en Diásporas el 12/05/2015

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