El cuchillo mellado del amor

Hoy me ha dicho un amigo que no consigue acostumbrarse a la vida mundana, a los trabajos mundanos, a las novias como mártires y a esas conversaciones como callejones sin salida

Opinión MUY PERSONAL. Por Ferran Barber

Me despedía de Arges a las puertas del hospital de Raqqa cuando tomamos esta foto. Atrás dejaba a un buen amigo. Y podéis jurar que crucé los dedos mil veces para que volviera sano a casa. De corazón os digo que me acordaba casi a diario de él y de quienes se quedaron en el frente. Algo después de partir, me alcanzaron las noticias de la suerte de Jac Holmes y, por alguna razón que ni yo mismo logro entender, sentí su pérdida como la de un hermano. En realidad, era mi hermano. Supongo que, de alguna manera, JAC era todos. Jac era Arges, era yo… y toda esa gente con la que tuve el honor y la fortuna de coincidir.

Jac Holmes.

Estoy tan cansado de vivir rodeado de hombres y mujeres egoístas, tan sólo preocupados de su propio culo, que de pronto, entre aquellos brigadistas, sientes que has entrado en una especie de reserva de malditos hijos de puta honorables. Por un momento, llegas incluso a olvidar quién coño es cada uno y de dónde diablos viene. Te olvidas de las derechas, las izquierdas, los anarquismos, las edades, los géneros, las preferencias sexuales, el origen, la apariencia racial y cualquier otra carajada. Nada une más que la certeza de que al volver aquella esquina, podrías estar muerto. Semejante certeza hace que las cosas sean más reales, que sean reales a secas. Tus hermanos están allí, dando la cara, exponiendo lo más preciado de un humano -su vida- a cambio de nada. O, según se mire, de todo (de todo lo que portan tras de sí). Y eso es cuanto necesitas saber.

Muchos huían de algo y no pocos, la mayoría, necesitaban demostrarse algo, redimirse. Eso nos convertía en una armada de espectros temerarios… en la última proyección de la última traza de romanticismo de este mundo. Los miraba y me decia, he ahí el cuchillo mellado del amor. La gente como nosotros necesita guerras a las que no temer y lodos en los que revolcarse con la dignidad que otorga la locura. Un maldito puñado de dementes, eso es lo que somos.

Llevo más de veinte años dando tumbos entre todos esos perturbados y he aprendido a reconocerlos. Conozco la desazón que los carcome como un tumor emocional porque yo mismo la padezco. No hablo del sentido de la vida (eso lo dejamos en mano de Coelho), sino de la necesidad de sentir que estás en movimiento.

Cada vez que leo un comentario de un imbécil llamándoles mercenarios emerge mi sicópata interior y el deseo de pelarme a uno de esos soplapollas. No sé. Hoy me ha dicho un amigo que no consigue acostumbrarse a esto, a la vida mundana, a los trabajos mundanos, a las novias como mártires y a todas esas conversaciones como callejones sin salida. What is wrong with u, buddies? 

COPYRIGHT por FERRAN BARBER 2017

Categorias
OpiniónPersonal

Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
Sin comentarios

Deja una réplica

Te podría interesar también