El hijo de Sadam Husein ordenaba azotar a los futbolistas de la selección por perder un partido

El mítico ex entrenador iraquí de fútbol Emmanuel Baba revela en esta entrevista los abusos cometidos por Uday Hussein

Bagdad. Ferran Barber | Fotos por Íñigo Úriz Jaurrieta

Originalmente aparecido en DIARIO AS, el día 14 de febrero de 2004 23:39h

Emmanuel Baba, conocido como ‘Ammo’, es a la historia del fútbol asiático y africano lo que Pelé al brasileño. Hace casi cuarenta años colgó sus botas, pero los iraquíes le siguen admirando. Fue aclamado de El Cairo a Bagdad como hábil delantero. Su leyenda creció como seleccionador al clasificar a Irak para tres Juegos y un Mundial. Durante los últimos años dirigía una escuela de fútbol para niños sin recursos. Entonces llegó la guerra y se supo que Uday Husein, el violento hijo de Sadam, vejaba por sistema a los jugadores de la selección durante el tiempo que estuvo al frente del Ministerio del Deporte.

Ammo Baba, junto a su vivienda, destruida por un tomahawk norteamericano, en 2003, por Íñigo Úriz Jaurrieta.

Ha dicho usted en alguna ocasión que Sadam Husein le admiraba.

Y es cierto. Yo nunca tuve problemas con él, sino con su hijo. Sadam dijo de mí en varias ocasiones que era uno de los hombres más honestos de Irak.

Lo cual no es extraño en un país donde casi todo el mundo le venera…

Pues está mal que yo lo diga, pero así es. Tal vez en Occidente no se haya oído hablar mucho de mí, pero en el mundo árabe soy una persona popular y amada. Supongo que he llevado momentos de felicidad a mucha gente. Mi carrera ha sido larga. Representé a Irak en el combinado nacional desde que comencé a dedicarme al fútbol, hace de ello más de medio siglo, hasta que una lesión me forzó a dejar los campos, en 1965. Para aquel entonces se contabilizaban en mi palmarés de delantero 850 goles. Cuando colgué las botas, comencé a entrenar al equipo nacional iraquí, al que clasifiqué para tres olimpiadas y el Mundial de México. Durante casi tres décadas he estado al frente de esa selección.

Es verdad que fui víctima de torturas, pero no por obtener malos resultados, sino por reunirme en la ciudad de Erbil con Barzani, el líder de una de las dos facciones kurdas que controlaban el norte del país hasta que llegaron los norteamericanos

Parece, sin embargo, que sus triunfos no le preservaron de la ira del hijo mayor de Sadam: el demente de infausta memoria Uday Husein al que los americanos abatieron tras la guerra.

En realidad, Uday no respetaba a nadie. Posiblemente, ni a sí mismo. Desde que se puso al frente del Comité Olímpico Iraquí y de la Federación Nacional de Fútbol comenzó a sembrar el miedo entre los deportistas y a dinamitar el trabajo de años realizado por profesionales.

Al igual que otros miembros de la selección, usted fue torturado en represalia por las derrotas del combinado nacional.

Es verdad que fui víctima de torturas, pero no por obtener malos resultados, sino por reunirme en la ciudad de Erbil con Barzani, el líder de una de las dos facciones kurdas que controlaban el norte del país hasta que llegaron los norteamericanos. El incidente ocurrió hace algo más de cinco años. Yo no soy un político, así que no tuve inconveniente en charlar con el responsable kurdo aun a sabiendas de que era uno de los hombres más odiados y perseguidos por el régimen. Durante el encuentro, Barzani me dijo que había sido y seguía siendo uno de mis más entusiastas admiradores. Días después, Uday se enteró de esa reunión y ordenó que se me detuviera. De nada sirvió que le dijera que no me interesaba la política… Según dijo, necesitaba una lección.

¿Fue torturado durante su arresto?

Uday siguió el procedimiento habitual. Me confinó en un cuartucho del edificio que servía de sede al Comité Olímpico Iraquí; me amarró a una silla y comenzó a llamarme “mal hombre”, amén de otros insultos peores. Supongo que me hubiera golpeado si yo no hubiera amenazado con quitarme la vida. Al final, me abandonó a mi suerte durante tres días: sin agua, sin comida y sin insulina… Soy diabético, así que, como era de esperar, sufrí un bajón de azúcar y se me infectaron tres dedos del pie. Tenía sesenta y cinco años y jamás nadie me había tratado de ese modo.

Ammo Baba, izquierda, junto a Uday Husein.

Varios jugadores más pasaron por ese mismo cuartucho. Claro que en su caso parece que fueron condenados sólo por perder un encuentro.

No sólo jugadores. También entrenadores. Ésa era una práctica común. Piense que el hijo mayor de Sadam era un desequilibrado. Llamaba a los futbolistas antes del partido para advertirles de que serían castigados si no ganaban. Muy frecuentemente, cumplía su palabra y ordenaba que se les azotara. Muchos venían a mí llorando para mostrarme las marcas que los torturadores habían impreso con cables de acero sobre sus espaldas. Algunos conservarán las cicatrices de por vida porque los sicarios de Uday se complacían arrojando sal sobre sus heridas aún recientes. Por supuesto, los métodos del hijo mayor de Sadam eran contraproducentes: la gente jugaba mucho peor.

Nadie en su sano juicio hubiera comparecido ante él para hablarle mal de Uday.

¿Y qué me dice de usted? ¿Estaba también sujeto a presiones mientras estuvo al frente de la selección?

Por supuesto. Es cierto que se justificó mi único arresto aduciendo que me había reunido con Barzani, pero también lo es que era casi imposible trabajar con la sombra de Uday sobre nosotros. El hijo del presidente solía estudiar las jugadas en un vídeo. Posteriormente, nos llamaba uno a uno para reprendernos por esto o por aquello, cuando no para amenazarnos. Aquello era de locos. Tenía que llevar un teléfono conmigo de forma permanente. Me obligaba a estar siempre localizable y dispuesto a escuchar sus reprimendas y teorías. Todo el mundo sabe que yo no acepté nunca de buena gana que me impusiera sus tesis e interfiriera en mi trabajo. Por ponerle un ejemplo, no podía aceptar sin replicar que Uday favoreciera a los sunnitas en perjuicio de muchachos chiítas que sabían darle al balón mucho mejor.

¿Y no se le pasó por la cabeza acudir a su padre en busca de ayuda si, tal y como dice, le profesaba gran cariño?

Jamás. Uday era sangre de su sangre. Me consta que Sadam conocía nuestros desencuentros y había terciado para que nos reconciliáramos. A pesar de ello, nadie en su sano juicio hubiera comparecido ante él para hablarle mal de Uday.

Se dice que tanto la FIFA como el Comité Olímpico Internacional conocían las prácticas de Uday.

Todo lo que puedo decir sobre eso es que intenté en una ocasión dirigirme a la FIFA en demanda de ayuda, pero, como tantas otras cosas, se descubrió y tomaron acciones contra mí. Irak no era precisamente un paraíso donde uno pudiera expresarse libremente.

COPYRIGHT por Ferran Barber e Íñigo Úriz Jaurrieta 2003-2004

Originalmente aparecido en DIARIO AS, el día 14 de febrero de 2004 23:39h

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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