Este patriota español de Cristo Rey lideró en Siria una milicia creada por los “malditos rojos” del PKK

Se llama Soria, su ideario estuvo siempre entre Falange y los tradicionalistas de Cristo Rey, pero en el campo de batalla terminó al mando de anarquistas y comunistas

FERRÁN BARBER – 

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Se llama Soria, su ideario estuvo siempre entre Falange y los caballeros de Cristo Rey, pero en el campo de batalla terminó al mando de anarquistas y comunistas del PKK

En la toma de la capital del ‘califato’ luchó codo con codo con el joven gallego Samuel, muerto hace días en la Siria que sigue desangrándose

Por el hotel de periodistas de la ciudad kurda de Kobane corrieron a finales de 2017, en vísperas de la caída de Raqqa, capital del califato, unas imágenes de vídeo donde se mostraba a un puñado de milicianos con aspecto de extranjeros combatiendo a pocos metros del estadio de Raqqa donde resistían los últimos yihadistas del Daesh.

Eran la punta de lanza de la coalición que estaba tratando de acabar con las ratas islamistas. No había nadie más expuesto ni que arriesgara más su vida frente a aquellos asesinos despiadados. Entre ellos y los furiosos mercenarios del Estado Islámico no se interponía nada, salvo el sonido de sus armas.

El miliciano gallego fallecido en combate Samuel Prada, a la izquierda, en compañía de Soria, en el centro de la imagen y de Sidan, a la derecha.

Uno pensaba al ver aquello que la casa donde se protegían los soldados iba a saltar hecha pedazos. A través de un boquete abierto en la pared se apreciaba, a apenas unos metros, las inmediaciones del estadio, e intermitentemente, entre el sonido de disparos, aparecía un miliciano de aspecto fornido y con barba poblada disparando un RPG contra los yihadis.

Ninguno de los españoles allí presentes ignoraba quién era y qué estaba haciendo allí; a todos les constaba que el soldado con el parche de Apo Ocalan y la insignia de la milicia YBS en la charretera había protagonizado una de las historias más insólitas del primer conflicto bélico que ha logrado reunir en sus mismas filas a patriotas cristianos con activistas transgénero, nacionalistas de todos los pelajes y los tipos más duros del anarquismo libertario y de la izquierda comunista filoestalinista. Ninguna otra guerra hizo jamás tan extraños compañeros de viaje.

Los kurdos no sólo creyeron en sus buenas intenciones, sino que le ascendieron a kadro o comandante de una unidad yazidí con base en la región iraquí de Sinyar (YBS).

El miliciano de la barba -conocido con el sobrenombre de Simón– era en realidad Juan Manuel Soria, un ex militar de 48 años, con familia e hijos, al que en su día la prensa señaló por su implicación en un juicio contra un supuesto grupo de neonazis, del que salió absuelto, aunque «estigmatizado de por vida».

Incluso los servicios secretos israelíes del Mossad llegaron a advertir a las milicias kurdas de las YPG -el brazo armado del Comité Supremo Kurdo del Kurdistán sirio que combate contra el IS– que habían aceptado a un supuesto «nazi» entre sus filas. Claro que por qué iban a escuchar los kurdos a los tipos que entregaron a los turcos a su líder, Apo Ocalan.

Ayudando a inmigrantes

Lo cierto es que el valenciano jamás se tuvo por un «nazi». Sí por un patriota tradicionalista, caballero de Cristo Rey, idealista y revolucionario a la manera de la ultraderecha.

-Ni soy racista, ni hubo palizas a emigrantes (en Valencia)… No tengo que justificarme por algo de lo que fui absuelto en los tribunales. Antes de viajar a Mesopotamia pasé 5 años en Marruecos ayudando a inmigrantes en una parroquia.

Su caso, por supuesto, fue investigado por los kurdos, pero los confederalistas libertarios de Rojava no sólo creyeron en sus buenas intenciones, sino que le ascendieron a kadro o comandante de una unidad yazidí con base en la región iraquí de Sinyar (YBS). Soria se ganó el respeto de los mandos y terminó convertido en el primer español que lideraba una subunidad militar creada por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

“Yo no me debo a nadie, ni tengo que justificarme ante nadie. Hubo gente a la que le sentó bastante mal. Allá ellos”

¿Cómo se hizo valer entre los recelosos mandos kurdos? Cuantos extranjeros combatieron junto a él hablan de su sentido de la camaradería. Junto a él pelearon hasta el último segundo en primerísima fila algunos españoles más, como el orensano Samuel Prada León, alias Baran Galicia, 25 años, abatido por los turcos el 10 de febrero en Afrin, el primer mártir español entre las filas de la milicia kurda de las YPG, y cuyo entierro se celebró esta semana en Siria.

Miembros de la unidad militar yazidí de las YBS en la que sirvió Soria, junto a otros milicianos españoles.

Tal es el caos bélico reinante en esa ciudad que sus compañeros de armas españoles solicitaron a las autoridades militares el pasado viernes la exhumación de su cadáver porque albergan serias dudas acerca de la verdadera identidad del soldado sepultado.

Según afirman, los kurdos no han enviado a España ni una copia de las huellas digitales de Samuel ni una foto de su rostro, lo que podría plantear problemas burocráticos a la hora de certificar su defunción.

Por otro lado, al decir de los milicianos españoles que todavía permanecen en Afrin, «el enterrador kurdo que dio sepultura al gallego asegura que yace bajo la lápida de Shid Baran tenía un tatuaje, a diferencia de Samuel, quien sólo presentaba, como característica visible, algunas cicatrices. Antiguos compañeros en las YBS especulan con la posibilidad de que el cuerpo del orensano se halle bajo los escombros, extremo que aún no había sido confirmado al cierre de esta edición de Crónica.

A diferencia de su ex camarada SamuelJuan Manuel Soria regresó con vida, tras sobrevivir a varios de los frentes más peligrosos del planeta. No son pocas las fotos donde aparece entre sus compañeros de armas con la bandera española de Cristo Rey entre las estrellas rojas de la iconografía socialista. Ante un collage tan improbable, uno se preguntaba si sus compañeros compartían sus simpatías por esta aventura militar a caballo, digamos, de los malditos rojos y misa de 12 en Tel Tamer.

-Yo no me debo a nadie, ni tengo que justificarme ante nadie. Hubo gente a la que le sentó bastante mal. Allá ellos -nos confesaría a bocajarro.

Si algo detesta el valenciano es que se le describa como un arrepentido. De hecho, nunca vio contradicción alguna entre sus ideales y los de la milicia kurda en la que sirve. El respetado miliciano británico Jack Holmes -fallecido en Raqqa hace unos meses cuando se hallaba en compañía del gallego Arges Artiaga- decía que Simón era la clase de soldado al que le confiaría las espaldas.

En España, más de uno se frotó los ojos varias veces al verlo cerrar filas bajo grandes pancartas de Ocalan. Era como ver a Durruti cuadrándose ante El Duce entre un puñado de camisas negras.

¿Como llegó Soria a comandar una unidad de yazidíes? La historia es novelesca. Pero vayamos por partes. Faltaban unos días para las pasadas navidades y Simón intercambiaba casi a diario con su camarada Marcos, alias Doctor Delil -compañero gallego de armas- algunos mensajes de móvil en los que, aunque no abiertamente, le hacía partícipe de sus temores.

A Soria le inquietaba que la Policía española tratara de imputarle algunos delitos a su regreso a España -cosa que no sucedió- y, todavía peor, que los kurdos iraquíes lo atraparan de camino a Suleymania, ciudad del Kurdistán iraquí. El propio Doctor Delil acababa de regresar a España tras pasar 100 días en un penal de la ciudad kurdo-iraquí de Erbil junto a otros dos españoles.

La traición

Pero aún había algo más: los peshmerga kurdos de Barzani cuyos controles debía necesariamente atravesar para alcanzar la ciudad de Suleymania se sentían, digamos, traicionados y deseaban su cabeza. El resquemor venía de atrás. Soria combatió primero en una milicia yazidí controlada por Barzani, a la que abandonó para unirse a la milicia, igualmente yazidí, a la que detestan sus antiguos compañeros de armas. Estaba atrapado en una ratonera. Para el clan de los Barzani, el valenciano era el villano de los western cuya cabeza deseaban ver, si no colgar, sí al menos vapulear.

Samuel Prada cava una fosa junto al hispano-alemán Sidán.

Tan desesperada era la situación que a su regreso a España, el heval (camarada) Simón nos dijo: «Si algo tenía claro era que no estaba dispuesto a que me atraparan con vida. Salí de allí con la pistola cargada en el maletero».

No es difícil imaginarlo dejando atrás Sinyar mientras cargaba su inseparable Taurus 9 milímetros en previsión de lo que fuere.

Tuvo que seguir la intrincada ruta de los milicianos y arrastrarse entre atalayas y casamatas de vigilancia de enemigos por una tortuosa combinación de sendas montaraces, caminos polvorientos y tramos de viejas carreteras secundarias que le condujeron, primero, a la ciudad iraquí de Zajo y, tras una noche en las montañas nevadas y una larga caminata, a la seguridad de Suleymania. Algunos días más tarde llegó hasta España. Habían pasado dos años desde su partida, en enero de 2016.

El jefe cristiano

¿Qué había sucedido durante su estancia en Oriente Medio para que Juan Manuel Soria regresara convertido en uno de los más entusiastas activistas de la causa kurda y de los nuevos paradigmas ideológicos sobre los que se sostiene el apoísmo o confederalismo libertario.

-Va a convertirse usted en el primer caballero de Cristo Rey fascinado por el pensamiento libertario…

-El confederalismo democrático de Ocalan dista muchísimo del anarquismo europeo o el marxismo totalitario. Un kurdo nunca pondría una bomba en una iglesia. Son muy revolucionarios en lo social, pero muy respetuosos con la tradició

En España, más de uno se frotó los ojos varias veces al verlo cerrar filas bajo grandes pancartas de Ocalan, el líder kurdo aún preso. Era, por establecer un símil y guardando las distancias, como ver a Durruti cuadrándose ante El Duce entre un puñado de camisas negras.

Por otra parte, si de verdad era un racista, ¿cómo podía vivir entre extranjeros para ayudar a parias kurdos y árabes?

-Cuando fui para allá trabajaba en la diócesis de Tánger ayudando a gente perseguida. De haber sido adoptado la actitud de un cruzado no me hubiera enrolado en una unidad de musulmanes.

-¿Le explicó usted quién era a sus mandos militares en Siria?

-Hubo un respeto mutuo porque aquella gente no juzga a los demás por su apariencia. Algún tiempo después, y como era de esperar, un anarquista francés me acusó de fascista. A ambos nos sentaron en una especie de consejo. Tras aquel episodio pusieron un coche a mi disposición, y dos meses después comencé a dirigir mi unidad. Él corrió una suerte diferente.

Soria, junto a un blindado, en Sinyar.

El anarquista galo que menciona se enroló en las YBS en agosto del pasado año, y tras enfrentarse abiertamente en las redes sociales a Simón y a la milicia, terminó siendo reprobado por sus mandos. Fue justamente por aquellas mismas fechas en las que Soria fue nombrado comandante de la subunidad internacional de milicianos, cuando llegaron a Sinyar varios españoles más, entre quienes se hallaba el orensano acribillado por los turcos hace unos días.

Todos ellos tuvieron la oportunidad de luchar en la batalla final de Raqqa en un lugar reservado a muy pocos. Disfrutaron de ese honor porque los kurdos brindaron a los yazidíes con quienes combatían la posibilidad de vengar los crímenes contra su pueblo.

No había guetos ideológicos en el frente, sólo milicianos con el ánimo común de derrotar a los nazi-islamistas. Lo que Soria sugiere es que no es una especie de Ynestrillas con menos aspavientos e histrionismo. Algunos recelan de sus buenas intenciones y le siguen evitando. Otros, quienes le han visto exponer su vida con el RPG o el dragunov, le conceden sin dudarlo que es un buen soldado y compañero.

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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