El zapatazo de Nikita

En lo que a nosotros concierne, nos quedamos con el paseo en troika de Larisa y la naive ingenuidad revolucionaria de Pasha

OPINIÓN, MUY PERSONAL. Por Ferran Barber

Originalmente escrito el 20 de mayo de 2015

Ferran, en Atenas, verano de 2017,

Dos años antes de la muerte de Boris Pasternak, el jefe del Comité Central de la Unión de las Juventudes Comunistas, llegó a decir del autor de Dr. Zhivago ante 14.000 personas, entre las que se encontraban Jrushchov, que era una “oveja sarnosa” que se plegaba a los deseos de los enemigos de la URSS”. No contento con ello, añadió: “Un cerdo no haría lo que él ha hecho porque jamás defeca allá donde come”. Más tarde se sabría que el propio Jruschchov le había dictado esas palabras. Ni siquiera había leído el libro.

Tiempo después, Nikita -el del zapatazo en la reunión plenaria 902 de la Asamblea de Naciones Unidas- expresó una especie de arrepentimiento y confesó que no debía haber prohibido la obra. No había nada antisoviético en ella. La cuestión es que Boris estuvo a punto de suicidarse a raíz de ello. Era un alma sensible, un poeta, un apparátchik del amor.

Ese mismo año Pasternak, ganó el Premio Nobel, pero tuvo que renunciar a él para no ser desterrado. Y nosotros, que lo sabemos, ya no podemos ver a la bellísima Lara Antipova -Julie Christie- paseándose en troika por Moscú sin pensar en toda esa desmesura que rodeó a la vida de Pasternak.

Mientras anticipaba la tragedia “rusa” de Larisa, me vino a la cabeza Mayakovski. “Lo que me hace interesante es el hecho de que soy poeta”, dijo en cierta ocasión. Él sí se suicidió en el callejón de Lubianski. Ni sus panegíricos de Stalin le libraron de las iras -o de la displicencia- de ‘el loco’, del arquitecto del gulag. “Ser rescatado por Stalin fue la segunda muerte del poeta”, diría Pasternak con el paso de los años.

Así funciona el mundo. A zapatazos. No había espacio para la belleza en el realismo socialista de la nomenklatura de Nikita. En lo que a nosotros concierne, nos quedamos con el paseo en troika de Larisa y la naive ingenuidad revolucionaria de Pasha. Tampoco nosotros formaríamos parte de ninguna revolución donde nos admitieran como socios. Probablemente, lo que nos hace interesantes es que no soportamos ninguna forma de autoritarismo.

Por Ferran Barber

Originalmente escrito el 20 de mayo de 2015

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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