Entendiendo el auténtico significado original de los actos del profeta Muhammad

Millones de musulmanes giran cada año alrededor de un edificio levantado por un judío, mientras algunos le niegan el derecho a existir a los fieles de esa religión

Si las ideas de Mahoma fueron tan revolucionarias y transformadoras es porque no salieron de la boca de un mediocre camellero analfabeto. Así se malinterpretó el mensaje del profeta y así se perdió por el camino la significación original de muchos de los actos de profeta, posteriormente fijados en los ritos.

Dahok (Irak) | Ferran Barber. Alguien me preguntó hace algunos días, poco antes de partir hacia Irak y Siria, si había leído el Corán. Le respondí con evasivas, por razones que no vienen a cuento. Podríamos decir que la vi venir de lejos. Entre unos y otros me tienen frito. Lo cierto es que sí lo he leído. A los catorce años había leído ya la mayoría de los libros sagrados, la obra completa de Mircea Eliade, Marvin Harris, Konrad Lorenz y no sé cuantas decenas de manuales de antropología y religiones comparadas. Después volví a leerlo de forma fragmentaria. El Corán, quiero decir. Una traducción, claro. A pesar de sus contradicciones y de sus arcaísmos, todavía conserva su belleza poética (no es más arcaíco ni contradictorio que la Torah, pero es bastante menos aldeano). Supongo que leerlo en árabe debe ser maravilloso.

En fin, algo me dice que si queremos introducirnos en el cerebro de Daesh, debemos entender primero qué paso en el siglo VI en aquel desierto polvoriento y hasta qué punto malinterpretaron a Muhammad.

En primer lugar, el mensaje de Mahoma fue exactamente igual de incluyente que el de Cristo. Cuando regresa nuevamente a Mecca se encuentra con una pléyade de comerciantes judíos y cristianos. La influencia judeo-cristiana es obvia e irrefutable. Anteayer pasé horas charlando con un buen amigo asirio que está en condiciones de demostrar que el Corán, en realidad, fue inicialmente copiado en siriaco, lo cual no tendría nada de particular, considerando que la cultura arábiga era una bellísima cultura oral. De hecho, sus líderes tribales se reclutaban entre los poetas, entre los más dotados para las palabras. El que fuera originalmente escrito en siriaco explicaría también ciertas incongruencias presentes en EL LIBRO, y sin embargo fácilmente resolubles, cuando se interpreta el texto en arameo.

Mahoma fue un camellero analfabeto de una inteligencia privilegiada, carismático, cordial y con unas singulares cualidades para la palabra.

Así que, en efecto, amigos, Mahoma fue un camellero analfabeto de una inteligencia privilegiada, carismático, cordial y con unas singulares cualidades para la palabra. Jadiya se enamoró de él por su agudeza mental. Es obvio que si las ideas de Mahoma fueron tan revolucionarias y transformadoras es porque no salieron de la boca de un imbécil. ¿Seguiría a un lerdo una cuarta parte de la humanidad?

Pensar en una estructura social clánica, donde las disputas (casi siempre asociadas al agua, tan presente en el paraíso islámico) se dirimen violentamente, mediante la guerra. Exactamente igual que Cristo, el Islam no fue la religión de los antisistema, sino de los fuera del sistema (los antisistema de la época apostólica eran los saduceos). El primer almuecín del Islam, Bilal, fue un esclavo liberto. La misión de Jesús no era política, pero las consecuencias de los días que pasó sobre la tierra si lo fueron. En esto, Mahoma no fue muy diferente.

Supongo que recordaréis los sucesos del Charly Hebdo. Y supongo que sabréis también la profunda náusea que sienten los musulmanes por las representaciones figurativas de Dios. Mahoma simplemente llegó a la conclusión de que las representaciones precedentes de Dios eran una proyección antropomórfica creada por la psique humana (dicho sea de paso, hay decenas de representaciones islámicas del profeta, sólo que no tienen fines devocionales). En fin, no sé si sois capaces de apreciar la cantidad de inteligencia que contiene un razonamiento semejante. Claro está, de ahí a asesinar dibujantes, va un largo trecho. Alguna gente vive en estado de TURBA, en estado de HORDA SANGUINARIA. Ignorantes. Ignorantes de su propia tradición.

Cuando Mahoma entra en la Meca celebra su victoria con un acto de misericordia, que es justamente lo contrario a la tradición tribal.

Cuando Mahoma entra en la Meca celebra su victoria con un acto de misericordia, que es justamente lo contrario a la tradición tribal. Y aquí viene lo bueno, si conserva la kaaba es porque fue construida por Abraham, ¡un judío! Es decir, millones de musulmanes giran cada año alrededor de un edificio supuestamente levantado por un judío, mientras algunos le niegan el derecho a existir a los fieles de esa religión, sin siquiera distinguirlos de los sionistas.

Digo que su entrada en la Meca fue un acto de misericordia porque perdonó la vida de los vencidos. Lo que no perdonó fueron las estatuilas que adoraban los paganos. Ahora bien, observar el valor simbólico de ese acto, y una vez más, la enorme y privilegiada inteligencia humana de Mahoma. Lo que en verdad Mahoma estaba destruyendo era una estructura social tribal, brutal y sanguinaria, basada en la fidelidad al clan y el culto a figuras privadas (cada tribu adoraba estatuillas diferentes, o a los espíritus contenidos en ellas), antes que en criterios éticos sostenidos sobre, digamos, nuestro sentido moderno de justicia, un sentido absolutamente judeo-cristiano, que él aprendió en La Meca de los mercaderes asirios y arameos. Moisés rompió las tablas de la ley y Jesús se ensañó con los mercaderes del templo (otro gallo nos cantaría si siguiéramos su ejemplo a pies juntillas). Ambos actos tuvieron un enorme valor simbólico contra el sistema. El de Mahoma, también.

A partir de ese momento, los vínculos humanos no se construirían en torno a la familia y al clan, sino a una idea, a una forma de ver el mundo, basada en el amor. ¿Entendéis ahora a Daesh destruyendo Nínive y Palmira? Confunden los cojones con el trigo, incapaces de apreciar la verdadera grandeza y generosidad de su profeta. Repiten mecánicamente la acción, ahora desprovista de su profundo simbolismo y sentido original.

En el reino de Mahoma, como en el nuestro, el cristiano, también cabían todos: negros, blancos, asiáticos… Cabían los cristianos y cabían los judíos. No voy a entrar ahora hasta qué punto Mahoma modificó la noción cristiana de Dios monoteísta porque no quiero atentar contra las creencias de nadie. Como ser humano permanentemente confundido (‘Parto en busca de un gran quizás’, que diría Rabelais) me limitaré a decir que los musulmanes se ahorraron varios cientos de años de discrepancias doctrinales y esfuerzos intelectuales, los que los cristianos dedicaron a desvelar el misterio trinitario. Dogma de fe, en todo caso.

Finalmente, y termino, el Islam comenzó a imponerse por la fuerza de la espada desde el mismo momento en que Mahoma arma un ejército en Medina para regresar a La Meca. Como tantos otros hombres justos antes, había conseguido cabrear a todo el mundo. Entre otras cosas, porque había puesto en peligro el próspero negocio mercantil que se había creado en torno a la Kaaba. Muy probablemente, su decisión de mantener aquel espacio como lugar de culto, ahora musulmán, tuvo que ver también con ello, y con su enorme habilidad política.

Cincuenta años después de la muerte de cristo, apenas había unos miles de cristianos. Dos siglos y medio después de la muerte de Mahoma (acaecida poco después de la conquista de La Meca), los musulmanes controlaban el imperio más grande jamás conocido, desde la China (a donde ya habían llegado los misioneros nestorianos), hasta Córdoba. Se impuso, al final, el credo, por una sabia combinación de fuerza militar y persuasión. Mis amigos musulmanes españoles prefieren pensar en la Yihad como un esfuerzo personal, el esfuerzo que todo musulmán debe realizar para que reine la ley divina en la Tierra (esto es, la Ley Islámica). La gente de Daesh todavía no ha llegado a esa parte de su catecismo, tan ambigua y propicia para las malinterpretaciones. Arabia Saudí, tampoco

Lo que está sucediendo en Oriente Medio no es una guerra religiosa, pero creo que es necesario andar bien pertrechados de memoria del pasado para entender algunos flecos, que sí conectan con lo religioso… En fin, me voy a dormir. Hoy nieva en las montañas iraquíes y desde mi ventana puedo ver la nieve posándose sobre los limoneros. Que descanséis. Hoy toca votar en España. Yo no lo hago nunca. Me lo impide mi conciencia. También es cuestión de fe. O mejor dicho, de ausencia de ella. No consigo creer en todas esas pantomimas de las democracias parlamentarias burguesas.

* Originalmente publicado en Diásporas. Noviembre de 2015.

© Copyright por Ferran Barber & Diásporas 2015

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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