Este es el hotel de los horrores kurdo donde Barzani tortura a presos políticos

Brigadistas estadounidenses encarcelados por luchar contra ISIS han ampliado las revelaciones realizadas por dos españoles
SULEIMANIA  Actualizado: 

FERRAN BARBER @diasporasmagaz

Brigadistas estadounidenses encarcelados por luchar contra ISIS han ampliado las revelaciones realizadas hace algunos días, tras su liberación, por dos españoles confinados en la misma prisión de Erbil. Aseguran haber estado obligados a compartir la celda con yihadistas del Estado Islámico en uno de los peores penales del mundo.

Se sabía con certeza que el Gobierno Regional Kurdo de Irak no era un dechado de virtudes democráticas; se sabía que la dinastía de los Barzani que gobierna con mano de hierro el aparato administrativo de parte de ese territorio es una de las élites dirigentes más corruptas del planeta y eran también de sobras conocidos los vínculos de su Gobierno con Turquía y, por ende, sus envenenadas relaciones con sus hermanos kurdos de los países vecinos.

Lo que se desconocía casi por completo hasta hace apenas unos días y está ensuciando aún más la ya deteriorada imagen de esa cleptocracia es que en Erbil -la capital del Kurdistán de Irak- existe un centro de confinamiento y de torturadonde según algunos de sus presos, el Gobierno de los Barzani mantiene a día de hoy en condiciones deplorables a cerca de un centenar y medio de combatientes de las milicias multiétnicas e internacionalistas que han peleado contra el Daesh. Alrededor de treinta de ellos son occidentales.

Buena parte de estos hechos han salido a la luz gracias a los testimonios de varios brigadistas europeos y norteamericanos que, tras luchar como voluntarios en Siria y en Irak contra el Estado Islámico, fueron arrestados sin cargos, con excusas diversas, por los servicios secretos de Barzani y posteriormente confinados en la citada cárcel de Erbil. Entre los liberados que han dado a conocer la existencia de este centro de tortura hay dos milicianos españoles conocidos con los sobrenombres de Agir Doctor Delil, que fueron capturados en agosto y permanecieron recluidos más de tres meses tras luchar contra el ISIS en una región iraquí de mayoria yazidí conocida como Sinyar.

Espeluznantes revelaciones

Ambos españoles han desvelado la existencia de este “hotel de los horrores” tras ser liberados de su cautiverio, hace sólo unos días. Esta semana, otros dos milicianos norteamericanos -Patrick Kasprik y un texano conocido como ‘John’- han confirmado a Público la exactitud y la veracidad del testimonio de Agir y Doctor Delil con nuevas y espeluznantes revelaciones de lo que fue su paso por el penal kurdo iraquí de Erbil. Todos ellos coinciden en decir que el trato que se dispensa a los presos políticos en el Kurdistán de Irak es equiparable al que brindan a sus reclusos la peores dictaduras del planeta. “Yo estuve desde el 29 de noviembre al 22 de diciembre de 2016 en la misma cárcel donde más tarde se enclaustró a los españoles. Me acompañaban otros dos americanos, dos alemanes y un canadiense, todos miembros de una pequeña unidad que luchaba en la región iraquí de Sinyar”, nos cuenta Patrick Kasprik.

Los españoles denunciaron igualmente que los carceleros se sirven de diferentes tretas para impedir que los empleados de organizaciones como la Cruz Roja se percaten de lo que sucede en el penal, lo que explica, entre otras razones, que sólo hubieran transcendido públicamente hasta la fecha algunos relatos fragmentarios de estas prácticas brutales. Ahora, además, se ha sabido que el andaluz y el gallego fueron forzados durante su encarcelamiento a compartir la celda con más de treinta yihadistas del Estado Islámico. En palabras del Doctor Delil, introducir a presuntos asesinos del Daesh entre los milicianos kurdos y occidentales que los habían combatido era una práctica común y deliberada de hostigamiento que, a menudo, derivaba en reyertas y lesiones.

Además, Doctor Delil y Agir describieron la existencia de celdas atestadas de presos políticos y comunes donde eran habituales las palizas de los guardas y los intentos de suicidio y donde se privaba de libertad sin cargos a docenas de voluntarios europeos y milicianos kurdos, sin que hubieran cometido otro delito conocido que combatir contra el Estado Islámico.

 El americano Patrick Kasprik fue confinado en la misma prisión que tres españoles.

Había sucedido ya antes con otros voluntarios como el sueco Jesper Söder o el estadounidense de 26 años, Patrick Kasprik, a quien Público ha entrevistado esta semana. Claro que a diferencia de lo que ocurrió con un colega alemán de este último, los españoles no se vieron obligados a defenderse de las agresiones de los terroristas islamistas, dado que estos últimos eran minoría en su atestada celda. Durante el tiempo en el que coincidieron con los criminales del Estado Islámico, junto a Delil y sus camaradas se hallaban encerrados otros setenta u ochenta presos más, lo que les obligaba a dormir y descansar por turnos o sentados.

¿También fueron ustedes maltratados?

¿Que si fuimos maltratados? Recuerdo que a uno de nuestros compañeros alemanes le separaron de nosotros y lo abandonaron a su suerte entre presos del Daesh. Es un tipo muy grande y tuvo que luchar contra una docena de yihadistas y contra dos miembros de la Asayish, los servicios secretos kurdos de Barzani. Si me hubieran hecho a mí lo mismo, que soy bastante más pequeño, hubiera resultado gravemente herido. Después de ese incidente, tuvieron al alemán durante tres días con los pies amarrados a las piernas. Entre tanto, a mi y a otro de mis hombres nos golpearon y nos mantuvieron una noche esposados. Te aseguraban con tal fuerza los grilletes que acababas con las muñecas llenas de hematomas y de heridas.

¿Y ese era el trato común que dispensaban a los presos?

Definitivamente, sí. Las torturas formaban parte habitual del protocolo de actuación con los presos de esa cárcel. Mi compañero y yo fuimos testigos de cómo los guardas propinaban una brutal paliza a un puñado de niños que no tenían edad ni para afeitarse. Vimos también cómo se llevaban a un indio a una celda de confinamiento en solitario. El tipo comenzó a gritar en medio de la noche y en ese punto, escuchamos cómo llegaba un guarda y le golpeaba con una silla. Soy médico, y mientras estuve allí, traté un ataque al corazón y un derrame cerebral. No había nunca servicios sanitarios. Recuerdo que mi compañero Chris y yo nos pusimos muy enfermos al final de nuestra reclusión y trataron de administrarnos inyecciones antibacterianas para una infección viral, así que nos negamos. Aquello era tan insoportable que, llegado a ese punto, intentamos salir corriendo y los guardas vinieron tras nosotros. Nos patearon y nos pisotearon la cabeza antes de encerrarnos esposados. Sólo le diré que al salir de aquella cárcel pesaba 44 kilos.

¿Les alentaban a ustedes razones políticas para unirse a la lucha contra el Estado Islámico?

Yo no soy un soldado, sino un maldito médico. Y lo único que deseaba era ayudar a la gente. La política es irrelevante para mí. Si los kurdos eligen el confederalismo democrático, el fascismo o el comunismo es algo que me resulta indiferente.

Carteles de Apo en Kandil. Foto por Karlos Zurutuza

¿Pudieron ustedes comprobar si en el penal de los Barzani se hallan recluidos otros presos políticos kurdos, además de los occidentales?

Nosotros sólo tuvimos acceso a dos de las seis celdas, pero no hay duda de que así es. Coincidimos con un líder de la guerrilla TAK y con un puñado, no muchos, de milicianos del PKK. Habia también presuntos miembros del Daesh y traficantes de droga, además de los occidentales y un joven llamado Ahmed Xalil Ahmed a quien mantenían en la cárcel por los delitos cometidos por su padre.

Conocimos gente ahí dentro que llevaba más de un año privada de libertad y todavía no sabían las razones de su encarcelamiento.

¿A qué se refiere exactamente?

Ahmed es el hijo de un oficial de alto rango de Saddam Husein. Su padre huyó y abandonó a su familia, pero el PDK [el Partido Democrático del Kurdistán que lidera el clan de los Barzani] lo quería, de modo que detuvieron en su lugar a su hijo. Fueron a buscarlo a la escuela. Cuando nosotros lo conocimos en el presidio, había cumplido ya los veintidós y llevaba encarcelado desde los dieciocho. Es decir, ha pasado cuatro años en la cárcel por los delitos cometidos por su padre. La Media Luna Roja Iraquí hace visitas al presidio, pero no saben de su existencia porque lo ocultan en una celda individual.

¿Y cuáles eran los cargos que les imputaban a ustedes?

Conocimos gente ahí dentro que llevaba más de un año privada de libertad y todavía no sabían las razones de su encarcelamiento. Tampoco a ninguno de los milicianos occidentales con los que coincidimos se les informó claramente de las razones por las que fueron apresados. A nosotros nos decían que nos habían detenido porque nuestros permisos de residencia en el Kurdistán habían expirado. Al final, yo tuve que pagar más de 9.000 dólares para que me soltaran, dinero que me prestó el consulado norteamericano y que ahora me reclama. Sin embargo, asumimos que en realidad nos confinaron por combatir en unidades que los kurdos iraquíes, al igual que los turcos, relacionan con el PKK. De hecho, nos preguntaban una y otra vez por las YPG.

 En efecto, todos los milicianos occidentales que han pasado por la cárcel de Erbil -y ello incluye a los dos mencionados españoles y a un tercero conocido como Robin- fueron arrestados después de combatir o desempeñar labores militares en alguna de las milicias que han luchado contra el Daesh, tanto en Siria como en Irak. El grueso de estos voluntarios comenzaron a viajar a Oriente Medio a partir de 2014, tras saber de la brutalidad y las atrocidades cometidas por los yihadistas del Estado Islámico. Salvo excepciones, carecían de motivaciones políticas.

Una parte significativa de estos occidentales se enroló al principio en milicias cristiano iraquíes como Dwekh Nawsha -recientemente disuelta- o en las filas de los peshmerga kurdos iraquíes, pero debido a las dificultades que tenían para entrar en combate bajo la disciplina de esas unidades y grupos paramilitares, no pocos de los que perseveraron en su deseo de luchar terminaron por unirse bien a una milicia kurda de Siria conocida como YPG, bien a un grupo de autodefensa creado por la minoría religiosa yazidí de Sinyar denominado YBS. Ambos son considerados por Turquía meras extensiones del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una organización incluida en el listado internacional de grupos terroristas por la OTAN, la UE y Norteamérica.

El PKK es la razón

Tal y como coinciden en señalar todos los combatientes encarcelados, ese es, en verdad, el problema y la razón que explica sus arrestos. Según el vigués Doctor Delil, de 47 años de edad, el clan de los Barzani ha hecho suya la política y los intereses de Ankara hasta el punto de franquearle el paso a ese presidio a la policía turca y de permitir que sus agentes transfieran presos a Turquía. “Al igual que Erdogan, Barzani no establece diferencias entre el YPG, las YBS o el PKK. Para ellos, todo es PKK”, asegura el miliciano gallego. Tanto el Doctor Delil como su compañero andaluz Agir aseguraron tras su liberación que habían sido testigos de cómo agentes turcos de uniforme accedían a la cárcel de Erbil para interrogar y llevarse consigo a algunos de los presos políticos kurdos con los que coincidieron. El vigués sitúa en una cifra cercana al centenar el número de milicianos kurdos, tanto del PKK como de las YPG y otras organizaciones, que ahora mismo permanecen en esa cárcel. “Algunos de esos kurdos fueron capturados por los peshmerga en territorio iraní o sirio”, añade el gallego.

Es sabido, por otra parte, que el Gobierno de Barzani ha reprimido duramente cualquier intento de oposición política apadrinado por las formaciones izquierdistas con presencia en su territorio. En marzo de este año, la organización Human Rights Watch intercedió por la liberación de seis manifestantes arrestados por las fuerzas de seguridad kurdo iraquíes, después de ser acusados de tomar parte en una protesta en favor del YBS. En opinión de esta ONG, la detención era una prueba más de que en el Kurdistán de los Barzani se violan con frecuencia derechos tan básicos como el de expresión.

¿Están en lo cierto los turcos y sus aliados kurdos cuando aseguran que milicias como las YBS o las YPG son una mera extensión del PKK? “A día de hoy, no podemos más que especular sobre si las órdenes en Rojava llegan directamente de Qandil o si la región del norte de Siria es verdaderamente autónoma”, asegura a este respecto el periodista Karlos Zurutuza, especializado en temas kurdos. “Lo que está claro, y ellos nunca lo han negado, es que los kurdos de Turquía y Siria comparten ideología y objetivos”.

Combatientes de la milicia kurda YPG realizan una pintada en las calles de Raqqa./ FERRAN BARBER

¿Terroristas y aliados?

“Recuerdo que ya en el año 2008, y desde la más absoluta clandestinidad, uno de los más destacados dirigentes kurdos sirios, Salih Muslim, me decía que su partido [el que hoy controla las YPG] compartía la estrategia del PKK debido, entre otras cosas, a que un cambio de timón en Turquía también afectaría a Siria”, apostilla Zurutuza. “Estimaciones internas del PKK de la pasada década apuntaban, tal vez exageradamente, a que un 20% de sus combatientes eran de origen sirio. Aquellos kurdos de Siria bajaron de la montañas turcas junto con otros miembros del PKK en 2011 para reorganizar Rojava política económica y militarmente a través del Tev Dem, la entidad paraguas que englobaba al PYD, el YPG y otras organizaciones de la sociedad civil. Claro que el hecho de que compartan puntos de vista ideológicos o de que eventualmente se apoyen militarmente no significa en ningún caso que ambas organizaciones carezcan de autonomía y una personalidad diferenciada”, concluye este experto en cuestiones kurdas.

Tan sabido es que se ha producido un trasvase de milicianos entre ambas organizaciones como desconocida es la influencia política real que unas ejercen sobre otras en la toma final de decisiones. Por otro lado, y he ahí la paradoja, la obstinación con que los turcos y los kurdos iraquíes defienden la tesis de que las milicias kurdas sirias y de Sinyar merecen ser tratadas, al igual que el PKK, como grupos terroristas, no es compartida ni por los norteamericanos ni por sus aliados -entre ellos, España. Al menos, eso es lo que tácitamente se infiere cuando se considera la circunstancia de que los kurdos de Siria, y en general, las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias donde se engloban las YPG, han demostrado ser uno de los más fieles aliados de la coalición internacional que lucha en Oriente Medio contra el Estado Islámico bajo las órdenes de los Estados Unidos. Esto es, si en verdad las YPG o las YBS son organizaciones terroristas, tal como los kurdos-iraquíes y los turcos sostienen, podría afirmarse que tanto España como los Estados Unidos colaboran con organizaciones criminales.

En un sentido parecido al de Karlos Zurutuza se expresaba hace un año el también periodista y experto en temas kurdos, Manuel Martorell, en una entrevista realizada por este diario, cuando aseguraba que “comparar el PKK con un grupo terrorista es un grave error de interpretación”, debido, entre otras cosas, a sus estrategias y capacidades militares, a sus reclamaciones, a su modus operandi y a su representatividad social y política.

Ninguna de las fuentes del Gobierno kurdo-iraquí consultadas por este diario ha querido pronunciarse acerca de las acusaciones realizadas por los milicianos occidentales. Hace ahora dos semanas, el consul del Gobierno regional kurdo en Madrid se limitó a responder a estas preguntas señalando que los combatientes españoles habían sido detenidos porque se habían involucrado en actividades militares en Siria y porque carecían de un permiso legal de residencia para permanecer en el país.

Peligrosa vuelta a casa

Todos los brigadistas que han luchado en el norte de Siria se hallan obligados para regresar a casa a atravesar los territorios que gobiernan los Barzani. Lo habitual hasta la fecha era que los arrestados permanecieran bajo custodia de la policia kurdo-iraquí unas horas, o unos pocos dias, en el peor de los casos. Muchos de los encarcelados tenian en común su pertenencia a las YBS. Esta unidad fue creada en 2014 por el PKK para ayudar a la minoria yazidí a defenderse de los yihadistas del Estado Islámico. Según el doctor Delil, “todos los encarcelados españoles compartían además la circunstancia de que llamaron en busca de ayuda al cónsul honorario de España en Erbil poco antes de ser detenidos”.

El español Doctor Delil, tras ser liberado de su cautiverio en una cárcel kurda. /ESTHER PERAL

Tanto el gallego como los dos compatriotas con los que compartió prisión y varios más de los voluntarios españoles que han luchado contra el Daesh, han coincidido en señalar a este diario que tienen serias dudas acerca del “correcto proceder” de un diplomático que, en palabras del vigués, “ni siquiera habla español”. Al igual que sus compañeros de armas, lo que el Doctor Delil se pregunta, entre otras cosas, es hasta qué punto puede defender los intereses de los milicianos “un señor cuyos vínculos directos con la formación política kurda que los ha encarcelado -el PDK- son conocidos y probados”.

No es la primera vez que la embajada española en Irak recibe serias quejas sobre el cónsul de España en Erbil

Por otro lado, no es la primera vez que la embajada española en Irak recibe quejas de españoles por el proceder de este cónsul, a quien varios milicianos acusaron también el mes pasado de proporcionar -deliberadamente o no- información errónea acerca del procedimiento burocrático que se sigue para dejar el país, después del referéndum de independencia. Las indicaciones transmitidas por el cónsul a punto estuvieron de provocar el arresto de al menos otro español, quien en última instancia perdió todos sus vuelos de regreso, después de que la policía kurda le impidiera abandonar el aeropuerto de Erbil, con dirección a Bagdad.

El PKK salvó a los yazidíes

Los españoles sospechan, asimismo, que sus detenciones fueron en parte provocadas por el conflicto que están protagonizando las distintas facciones kurdas en la zona de Sinyar y por el empeoramiento en las relaciones que ha desencadenado la guerra civil siria. Después de la conquista de Mosul por parte del Daesh, los yazidíes de ese área fueron, primero, desarmados por los peshmerga kurdos y más tarde abandonados a merced de los asesinos islamistas.

Tras quedar completamente inermes, buena parte de sus casas en Sinyar fueron destruidas; muchos de sus niños y ancianos resultaron brutalmente asesinados y cientos de chicas jóvenes fueron violadas y secuestradas como esclavas sexuales. Sólo la intervención in extremis de milicianos kurdos del PKK impidió que la tragedia fuera aún mayor. Este hecho explica, por un lado, las antipatías de buena parte de los yazidíes por Barzani, a quienes culpan en parte de su tragedia. Del mismo modo que ocurrió con los cristianos de la ciudad de Karakosh, los peshmerga no cubrieron siquiera la retirada de civiles y, en su lugar, partieron hacia Kirkuk a proteger los pozos de petróleo del avance de los yihadistas.

El brutal baño de sangre del que estos fueron víctimas tras su abandono fue el catalizador de la creación, bajo los auspicios del PKK, de la milicia yazidí de autodefensa YBS, donde han servido como voluntarios varios españoles -entre ellos, los tres encarcelados en Erbil- así como la mayoría de los occidentales a los que se recluyó, antes y después, en ese mismo presidio. La citada área de Sinyar es ahora mismo una fuente permanente de conflictos entre el Gobierno de Irak, el PKK, los peshmerga de Barzani y dos facciones militares yazidíes. Pese a las presiones del Ejecutivo de Erbil y a las maniobras de Turquía, los milicianos federalistas kurdos se han negado a abandonar la zona, donde mantienen un número desconocido de hombres armados.

Antes de la irrupción del ISIS, Naciones Unidas estimaba en cinco mil la cantidad de guerrilleros del PKK desplegados en el Kurdistán de Irak, y en torno a mil más, el de miembros de un partido conocido, por sus siglas inglesas, como PJAK, al que los turcos consideran una escisión del anterior. Esta presencia significativa ha justificado durante los últimos años la intervención regular de tropas iraníes y turcas en el Kurdistán y la creación de bases permanentes de este último país a lo largo de todo el territorio kurdo, y muy especialmente en los pasos fronterizos. Los Barzani han devenido a la postre en los mayores aliados de los turcos en ese entorno geopolítico y, en consecuencia, en uno de los peores enemigos de sus hermanos internacionalistas kurdos.

Fuentes del PKK han confirmado que poseen constancia de que al menos uno de los milicianos de esta organización -conocido como Dr. Aydin- ha sido interrogado y torturado por agentes turcos en el Kurdistán de Irak, tras ser detenido por funcionarios del Gobierno de Barzani y permanecer en prisión no menos de dos años. Asimismo, otros responsables europeos de la milicia YPG han precisado a Público que poseen constancia de que combatientes kurdos han sido arrestados y confinados por el Gobierno Regional del Kurdistán por razones políticas. Ninguna de las fuentes consultadas ha proporcionado, sin embargo, una cifra precisa del número de presos políticos no occidentales que podrían hallarse en cautiverio.

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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