Joaquín Arango: ‘Ni el Partido Popular se atreve a jugar la carta de la xenofobia’

Le hemos preguntado al catedrático de Sociología por qué España sigue apareciendo a la cabeza de los países europeos más tolerantes con los inmigrantes, pese a que ha sufrido una crisis de magnitudes bíblicas
Manifestación en favor de acoger refugiados, en Barcelona.

Le hemos preguntado al catedrático de Sociología Joaquín Arango por qué España sigue apareciendo a la cabeza de los países europeos más tolerantes con los inmigrantes, pese a que ha sufrido una crisis de magnitudes bíblicas.

Joaquin Arango.

Barcelona | Ferran Barber. El asunto es, cuando menos, intrigante. Especialmente, si se considera que otros países del centro y el norte de Europa mucho menos castigados por la recesión han visto crecer y cobrar pujanza a formaciones políticas esencialmente sostenidas sobre el odio al extranjero.

Mientras muchos españoles han abandonado el país forzados por la crisis, el norte se defiende con políticas migratorias cada vez más restrictivas. Parece que la “marca Europa” se sustenta a menudo sobre el miedo al otro y ciertas formas de ultranacionalismo cada vez menos permeables a la solidaridad y la diferencia. La UE está siendo penetrada por una oleada de racismo estructural, a diferentes escalas. Y el trabajador extranjero ha pasado a convertirse en el chivo expiatorio de los miedos de los europeos. En España, sin embargo. esto no ha sucedido.

-Un sondeo de Gallup incluido en el último informe sobre el Índice de Progreso Social sitúa a España como el país más tolerante con los extranjeros, curiosamente, junto con los irlandeses y los portugueses. Por otra parte, todas las tentativas de crear organizaciones del estilo de Pegida o formaciones semejantes al Frente Nacional han resultado un fiasco.

-En realidad, no es sólo significativo que no haya sucedido durante la crisis. Es también muy llamativo que no ganaran fuerza los partidos xenófobos de extrema derecha durante los años del boom migratorio, cuando se produjo un espectacular crecimiento de la población inmigrada.

-¿Acaso somos los campeones europeos de la tolerancia?

-No es fácil enumerar todas las variables que han intervenido. Para empezar, el 80 por ciento de la gente que vino eran jóvenes y adultos con una tasa de actividad muy elevada. ¿Qué significa esto? Que en contra de lo que la gente piensa, consumían pocos servicios públicos y pocas prestaciones sociales. Por otro lado, su inserción en el mercado de trabajo fue complementaria. Esencialmente, cubrían necesidades, antes que competir con los nativos por el empleo. Dadas esas circunstancias, es más fácil que se haga una valoración positiva de la inmigración. En España se extendió la idea de que ésta contribuía al crecimiento del PIB, lo cual era cierto. Claro que este argumento no explica por sí solo lo sucedido, puesto que similares circunstancias se dieron en Italia o Grecia, y allí sí cobraron aliento partidos populistas y xenófobos…

-En tal caso, ¿qué es lo que ha marcado la diferencia?

-Yo diría que la cultura política. Ésta fue en gran medida reformulada durante los años de la transición. Tras dejar atrás el franquismo, se idealizaron los valores asociados a la democracia y se demonizaron los vinculados a la dictadura. Comenzaron a cotizar al alza valores como la igualdad o la lucha contra la discriminación.

-Bien es verdad que esos valores cotizan más o menos al alza en función de la ideología política.

-Sí, claro, hay diferencias entre conservadores y progresistas pero son de intensidad, Estos valores son sentidos mucho mas intensamente en la izquierda que en la derecha, pero han creado una deseabilidad social que a la derecha le cuesta trabajo saltarse. Observe, por ejemplo, que el partido conservador que nos gobierna ha decidido conscientemente no jugar la carta de la xenofobia, porque piensa que le perjudica. Han decidido que la emigración no existe para no correr el riesgo de adoptar posiciones que pueden volverse contra ellos.

-Decía usted que los trabajadores extranjeros que llegaron a nuestro país no competían con los nativos por el empleo. Probablemente, esa situación sí ha cambiado ahora, tras la crisis.

-Es cierto, pero tampoco hay tanta competencia, porque muchos de los jóvenes con bajos niveles de educación -aquellos justamente que podrían competir por empleos de baja cualificación-, han regresado a sus países. Y en todo caso, esto no invalida el argumento de la cultura política. Ni el incremento de la miseria pondría en riesgo esos valores extendidos entre los españoles. En el Reino Unido, Cameron puede acudir a la televisión y hacer un llamamiento a los ciudadanos para que denuncien a los inmigrantes en situación irregular sin que pase nada. Si Rajoy hiciera lo mismo en España se produciría un escándalo mayúsculo y las acusaciones de racismo serían clamorosas. Por poner otro ejemplo, aquí se rechaza el término “ilegal”. Tan sólo lo usa la policía. Muchos españoles entienden que existen inmigrantes en situación irregular y no les culpan. En otro países de nuestro entorno, se les demoniza como si fueran criminales o un gravísimo peligro para la sociedad. ¿Más ejemplos? Aquí se aprobó el matrimonio homosexual con muy poca resistencia y posteriormente, el partido conservador que se oponía ha soslayado el asunto. En Francia, el grado de conflictividad ha sido diez veces mayor. Y en otros estados europeos con democracias acrisoladas ni siquiera se ha aprobado.

-¿Y qué me dice de la cultura mediterránea? ¿Tiene también algo que ver esa tradicional y proverbial calidez de las gentes de nuestro entorno?

-Hasta cierto punto. Es cierto que los mediterráneos somos más cálidos. Es cierto también que pertenecemos a una cultura más solidaria y menos severa. Aquí se ha intentado privar del derecho a la asistencia sanitaria a los inmigrantes en situación irregular y no se ha conseguido totalmente. Se les atiende igual en muchos casos. En Alemania tienen la obligación de denunciarlos a la policía y lo hacen masivamente porque así está establecido. De todos modos, este asunto del componente mediterráneo de la cultura tampoco es determinante, y la prueba es lo que sucede en Grecia, donde sí han cobrado fuerza partidos como Amanecer Dorado.

-Quizá el turismo también haya contribuido. Esto es un cruce de caminos. Estamos habituados a convivir con extranjeros…

-En absoluto. No tiene nada que ver. Estamos mucho menos acostumbrados a convivir con gentes de otros países que británicos u holandeses. Y el contacto que tenemos con los turistas es superficial y sin implicaciones…

-Por eso es sorprendente que en ambos países que menciona hayan cobrado tanta fuerza formaciones nacionalistas y xenófobas como las de Geert Wilders o Nigel Farage.

-Es que conferir tanta importancia a la crisis es un error. Ésta puede agudizar la situación o crear un entorno más desfavorable para los extranjeros, pero las cosas vienen ya de antes, y seguirán en el futuro. Este fenómeno de los partidos xenófobos se ha dado con total independencia de la crisis. Se trata de un problema mucho más estructural y profundo. Los Demócratas de Suecia -el partido xenófobo de Jimmy Akeson- no son hijos de la crisis. Eran ya un partido neonazi mucho antes. Y lo mismo cabe decir del Bloque Flamenco, en Bélgica, o de Le Pen. En el caso de estos países, se ha deteriorado la valoración colectiva de la inmigración y la diversidad. Los sentimientos de inseguridad han provocado hostilidad contra Europa y contra el extranjero.

-Y contra los musulmanes, a tenor de lo que estamos viendo, por ejemplo, en Alemania, donde organizaciones como Pegida están ganando una popularidad sin precedentes…

-En realidad, se trata del mismo fenómeno. La islamofobia es la concreción de esa xenofobia en un grupo particular. Esto es algo que ha tendido a ocurrir a lo largo de la historia. Si echamos un vistazo a la historia de Estados Unidos podemos observar cómo la hostilidad hacia el extranjero fue basculando sucesivamente de chinos a irlandeses, italianos, polacos… En Europa, la quintaesencia de los rechazable y no integrable fueron antaño los judíos. Ahora son los musulmanes. Y en España, y volvemos a lo mismo, la cultura política ha actuado como una especie de baluarte o barrera frente a esos sentimientos. El caso contrario sería Francia, cuya pasión por el laicismo ha contribuido a enrarecer las relaciones con los musulmanes.

-¿Cree que podríamos comparar la situación presente con la del periodo previo a la Segunda Guerra Mundial?

-No, en absoluto. Hay algunos casos especialmente alarmantes como el de Jobbik, en Hungría, o el de Amanecer Dorado, en Grecia. Pero la situación de estos días no puede compararse ni de lejos a la extrema crispación del periodo de entreguerras. Aquellas tremendas experiencias actuaron de algún modo como una especie de vacuna. Además, nuestras sociedades son más ricas y menos inestables.

-Volviendo al caso español, se me ocurre que quizá pueda también contribuir a nuestra supuesta tolerancia el hecho de que somos un pueblo de emigrantes…

-Todos los europeos lo fueron hasta los sesenta, a excepción de franceses, belgas y suizos. Irlandeses, portugueses y españoles seguimos emigrando veinte años más, pero eso no nos ha hecho diferentes al resto en nada. Fíjese que en el Frente Nacional francés hay muchos hijos de inmigrantes. No, en definitiva, este asunto no tiene una influencia significativa.

-En tal caso, y a juzgar por sus hallazgos, nuestra supuesta tolerancia está esencial y definitivamente conectada a nuestra cultura social… a nuestra cultura política.

-Así es. Claro que existe otra cuestión que también ha tenido alguna clase de influencia. Me refiero al hecho de que la extrema derecha ya está en gran medida dentro del Partido Popular. Debido a la evolución del sistema de partidos durante la transición y a la abrupta descomposición de UCD, estos sectores más radicales fueron absorbidos por uno de los dos partidos mayoritarios. Por un lado, es claramente negativo que el partido gobernante esté influido por la extrema derecha, pero por otro, cabe pensar que de este modo se ha neutralizado su manifestación autónoma.

* Información originalmente publicada en Diásporas el 21/05/2015.

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VERITAS filia temporis. Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
6 Comentarios sobre esta entrada
  • Anónimo
    6 marzo 2017 at 6:08 pm

    Excelente articulo. I por fin una buena noticia por estos lares i de esta sociedad

  • Anónimo
    6 marzo 2017 at 6:08 pm

    Coincido contigo en que es una entrevista interesantísima… Es algo que yo también me había preguntado muchas veces y a lo que Arango da respuesta. Ánimo Público por el suplemento tan estupendo que estáis haciendo. Se echaban a faltar cosas así, de esta profundidad y calidad periodística. Y ánimo también al equipo de Público que lo hace y al director del diario, por haber tenido el acierto de incorporar una magazine así, a sabiendas de que no es un mercado de lectores muy rentable. Los que trabajamos en temas de inmigración agradecemos el esfuerzo.

  • Luisa Pisón
    6 marzo 2017 at 6:08 pm

    Absolutamente de acuerdo en que estáis haciendo un gran trabajo, chicos de Público. Y yo también felicito al director del periódico por tener el acierto de crear una revista así. Los inmigrantes son los parias entre los parias muchas veces, así que me doy y nos damos cuenta del esfuerzo que estáis realizando. y supongo que tambien es un esfeurzo economico mantener a flote una revista con esa calidad de contenidos propios hechos por todo elmundo… imaginamos que es un 2producto" caro… pero tambien era muy necesario. La entrevista esta es tremenda… muy pero que muy interesante. Mucha suerte tambien y contais con nuestro apoyo…

  • Susana Premia
    6 marzo 2017 at 6:08 pm

    yo trabajo en una ong de ayuda al inmigrante y nos sorprendio mucho encontrarnos con que publico habia sacado una revista asi… enhorabuena… no estoy de acuerdo en que los españoles no son racistas con los inmigrantes pero supongo que sera una cuestion de niveles. en todo caso seremos menos racistas que en otros paises, pero racismo haylo igual aqui….. estais haciendo una gran labor de denuncia y con unos contenidos de una calidad excepcional…. yo igual me sorprendi de que publico dedicara parte de su contenido a crear algo asi… fuerza y gracias…

  • EL ELEGIDO
    6 marzo 2017 at 6:08 pm

    a cualquier cosa le llamais calidad rojillos… esto es un tebeo para creyentes como vosotros… creyentes en la estupidez que no se sostiene….

  • Anónimo
    6 marzo 2017 at 6:08 pm

    me cago en tus muertos elegido fascista racista

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