La Escandinavia más cerril le hace un corte de mangas a Europa

La receta de la ultraderecha combina islamofobia, eurofobia, ultranacionalismo y un indisimulado odio al extranjero pobre

Islamofobia, eurofobia, ultranacionalismo y un indisimulado odio al extranjero pobre. Ésa es la receta que en esencia ha permitido seguir ganando fuelle a la derecha más cerril de Escandinavia. 

Estocolmo | Ferran Barber. En Dinamarca, los euroracistas del Partido Popular se han convertido en el partido más votado. Verdaderos Finlandeses son desde mayo de 2014 la tercera fuerza de su país en el Parlamento europeo y Demócratas de Suecia han logrado por primera vez enviar representantes a Bruselas. Muchos de sus votantes se oponen a los rescates financieros y consideran que están pagando la factura de estados parias y mendigos como España.

Ni los índices de población extranjera justifican el incremento del nacionalismo en países como Dinamarca, Finlandia o Suecia, ni sus tasas de desempleo han alcanzado cotas que permitan al menos entender las simpatías que acaparan los partidos filonazis. En Dinamarca, la Extrema Derecha superó incluso el éxito del Frente Nacional francés cuando cuatro de los trece escaños que este pequeño país ocupa en el Parlamento europeo fueron a parar al Partido Popular danés, gracias a los votos de cerca del 27 por ciento del electorado.

Hacía ya algún tiempo que las encuestas sugerían que el PP de Dinamarca estaba a punto de convertirse en la formación más votada de su país, de modo que la sorpresa, en cierta forma, no ha sido tal. Estos resultados -calificados por la Prensa de “históricos” y de “escandalosos”- terminan de consolidar a esa formación como el principal ariete escandinavo de la Extrema Derecha, con permiso de Demócratas de Suecia, el Partido del Progreso noruego y de Verdaderos Finlandeses.

El ascendiente real del PP danés es incluso mayor del que reflejan los resultados electorales obtenidos en las urnas. Hasta la fecha, nunca ha superado el 14 por ciento de los votos en unas elecciones al parlamento nacional y sin embargo, la influencia que ha ejercido en el resto de las formaciones de su país y de los estados vecinos es enorme. Por poner un ejemplo, desde hace más de catorce años, buena parte del debate político danés gira en torno a la emigración y a la amenaza que los extranjeros suponen para la identidad nacional. La hostilidad al extranjero y la impermeabilidad a cualquier forma de diversidad han contaminado los discursos de conservadores e incluso de socialdemócratas.

El sustrato social sobre el que esta formación ha enraízado se halla bien abonado, y sus líderes se han limitado durante la campaña a subrayar ciertos conceptos con los que su electorado está plenamente familiarizado. Con arreglo al ideario del PP, buena parte de los demandantes extranjeros de empleo son en realidad turistas del bienestar, por no decir vampiros o saqueadores de sus sistemas de protección social.

Así pues, no es la pobreza ni las desigualdades lo que empuja a buena parte de los emigrantes a viajar a Escandinavia, sino un perverso deseo de vivir a costa de los “laboriosos” daneses y de defraudar a su Gobierno. El PP ha sido en cierto modo un adelantado de su tiempo. Su habilidad para pescar adhesiones electorales en las aguas turbias de la xenofobia está fuera de duda y ha servido para trazar la senda que muchos de sus vecinos han transitado posteriormente.

“Menos Unión Europea y más Dinamarca”, rezaban los eslóganes utilizados por esta formación durante la campaña. En lo esencial, se trata de los mismos argumentos utilizados por el Frente Nacional en Francia o por UKIP en el Reino Unido. La estrategia, el viejo truco, consiste en remover las vísceras de esa parte del electorado más especialmente castigado por la crisis y más permeable a las mentiras y la demagogia.

Curiosamente, el grueso de los votantes daneses no ha estigmatizado a esta formación por su orientación racista. De hecho, tiende a ser juzgada como un partido más que defiende en buena lid una ideología cuya legitimidad democrática apenas nadie cuestiona.

Demócratas de Suecia
Un poco más al norte, los Demócratas de Suecia de Jimmie Åkesson lograron otra marca, al conseguir por primera vez los votos necesarios para enviar representantes a Bruselas. Dos son los asientos que logró esa formación.

El computo total de los sufragios emitidos por los suecos en las europeas situaba en primer lugar al Partido Socialdemócrata (con el 24,6 por ciento de los votos y seis europarlamentarios), seguido del Partido del Medio Ambiente (15,1 por ciento y tres escaños) y del gran derrotado de los comicios, el Partido Conservador (13,5 por ciento de los votos y dos mandatos, frente a los tres precedentes). Demócratas de Suecia es la formación que mayor incremento absoluto en el número de votos ha registrado (9,9 por ciento de los sufragios y dos escaños).

El partido de Åkesson fue fundado en 1988 a partir de varios movimientos precedentes abiertamente nazis con los que ha ido distanciándose progresivamente a fin de incrementar su apoyo social, siempre siguiendo el modelo del Partido Popular danés. A diferencia de estos últimos, Demócratas de Suecia sí ha sido permanentemente ninguneado y estigmatizado por la Prensa sueca y por el resto de formaciones políticas del país, lo que no ha impedido que siguieran aumentando sus adhesiones.

Caso semejante es el del Partido del Progreso noruego, ultraconservador, abiertamente xenófobo y, sin embargo, obstinado en lavar su imagen y desvincularla de los grupos nazis donde obtiene parte de su apoyo. Sus ataques al colectivo de los inmigrantes y, muy especialmente, al de los musulmanes, le han acarreado docenas de denuncias.

El asesino convicto del asesinato en masa de 69 personas en la isla de Utoya, Anders Behring Breivik, fue en su día miembro de esta formación. Noruega no forma parte de la Unión Europea y, por tanto, los noruegos no estaban llamados a votar durante las pasadas europeas. Sin embargo, este partido también incrementó su poder político durante las elecciones legislativas del pasado otoño, al entrar por primera vez a formar parte del Gobierno del país.

Verdaderos euroracistas
Por último, la formación Verdaderos Finlandeses consiguieron los mejores resultados de la historia en esta última convocatoria europea a las urnas. El 12,9 por ciento de los votantes le otorgaron su confianza, lo que les permitió enviar dos representantes a Bruselas, el doble de los que consiguieron en las elecciones precedentes. El apoyo popular de este partido se ha incrementado un 3,1 por ciento y uno de sus líderes, Jussi Halla-aho, se ha convertido en el tercer político más votado de su país.

Parte de la opinión pública finlandesa tiene la sensación de estar pagando los rescates financieros de países como España, lo que ha provocado una abierta hostilidad a Europa que los líderes de la Extrema Derecha han sabido explotar en su beneficio. Por delante de este partido han quedado los conservadores de Kokoomus y el Partido de Centro. Los grandes derrotados en Finlandia han sido los socialdemócratas, que han caído a la cuarta posición y que apenas han superado el 12 por ciento del total de los sufragios.

* Información originalmente publicada por Diásporas el 26/05/2014

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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