La monarquia saudí ejecuta una brutal caza al hombre de inmigrantes somalíes

El gobierno está deportando sistemática y masivamente a los millares de somalíes que llegan hasta su país huyendo de la violencia
El gobierno de Arabia Saudí está deportando sistemática y masivamente a los millares de somalíes que llegan hasta su país huyendo de la violencia. Antes de ser devueltos, los africanos son confinados en verdaderos campos de concentración, sin comida ni asistencia sanitaria y en unas condiciones deplorables. Las quejas son acalladas con brutales palizas.


Trabajadores extranjeros en Arabia Saudí. Fotografía por Ferran Barber.

Riad (Arabia Saudi) | Ferran Barber. Se trata de uno de esos asuntos que apenas logra colarse de rondón entre los titulares más discretos de la Prensa internacional, pese a la insistencia con que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el ACNUR vienen denunciando desde 2012 la objetiva magnitud de esta tragedia humana. De una parte, los somalíes salen huyendo por millares de las hambrunas y la violencia y de otra, son sistemáticamente deportados de los dos países hacia los que se dirigen de forma preferente: Kenia y Arabia Saudí. En lo que va de año, 33.600 somalíes han sido obligados a regresar a su país desde el reino petrolero y 272 más, desde la vecina Kenia. Las minuciosas descripciones que los deportados hacen de los centros saudíes de confinamiento evocan la existencia de auténticos campos de concentración.

Pueden pasar semanas, a menudo incluso meses, recluidos en oscuros barracones, sin ver la luz del día, y a temperaturas asfixiantes. Tan sólo una de estas “cárceles” posee camas, de modo que los africanos duermen sobre el suelo. “La comida, cuando la hay, es basura”, recuerda un somalí al que la policía encerró sesenta días. “Y al que se queja, lo golpean brutalmente”.

El Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas ha documentado la existencia de un centro de confinamiento con dos baños donde el gobierno hacina a mil doscientos somalíes. A menudo, carecen de asistencia sanitaria, de manera que es común que se produzcan casos de neumonía o epidemias de polio y otras enfermedades inequívocamente asociadas a las situaciones de extrema pobreza. Las denuncias realizadas por una organización para la defensa de los Derechos Humanos mencionaban el caso de una mujer embarazada de nueve meses al que una policía golpeó con un bastón mientras aguardaba en la cola del aeropuerto de Yedá para ser repatriada a Mogadiscio. Dio a luz a su bebé en la cabina del avión, mientras volaba hasta Somalia.

De acuerdo a los datos proporcionados esta semana por la OIM, el número total de personas expulsadas por la fuerza creció en mayo un 40 por ciento respecto al mes precedente. Mil novecientos trece somalíes fueron devueltos al infierno del que proceden en lo que va de mayo.

Muchos de los africanos expulsados por los saudíes proceden del norte y el centro de Somalia, dos zonas del país donde se mantiene todavía vivo el conflicto civil y donde la guerrilla islamista de Al Shabaab continúa reclutando por la fuerza a los varones (niños y adultos). Tampoco en Mogadiscio la situación es mucho mejor. Alrededor de 370.000 personas sobreviven en condiciones misérrimas dentro de los campos de desplazados de la capital del país. Los ataques de Al Shabaab en Mogadiscio tienen a menudo por objetivo a la población civil, cuyas víctimas y heridos siguen contándose por docenas.

Sin opción a pedir asilo
La ley internacional prohíbe las deportaciones forzadas de personas cuya vida o libertad podría estar amenazada en su país de origen. Las convenciones también protegen a los seres humanos que tuvieran que hacer frente a tratos degradantes o torturas, en su lugar de procedencia, de manera que el ACNUR ha hecho un llamamiento a toda la comunidad internacional para que no devuelva a un solo ciudadano somalí sin darle previa opción a solicitar el estatuto de refugiado o de acreditar, si llega el caso, que podría estar en una de esas situaciones que le permitirían solicitar la protección internacional. En Arabia Saudí, sin embargo, los somalíes son desposeídos de cualquier derecho y ello incluye, por supuesto, la posibilidad de solicitar asilo.

Por otro lado, los saudíes ni siquiera han ratificado la convención de refugiados de 1951. Es decir, carecen de un protocolo o un sistema para que los desplazados pidan que se les conceda el estatuto de refugiado. Ni la Unión Europa, ni Estados Unidos y el resto de los socios comerciales de los saudíes han presionado nunca a la monarquía petrolera para que cumpla sus obligaciones internacionales.

Estas deportaciones masivas forman parte de una campaña sistemática y masiva diseñada por los saudíes para expulsar a todos los trabajadores en situación irregular. Se puso en marcha en abril del pasado año y se interrumpió poco después. En noviembre, se reactivó de nuevo hasta adquirir las características de una verdadera caza al hombre. Durante 2013, se expulsaron a 12.000 personas, y algunos miles más, en 2012. La mayor parte de los deportados proceden de Somalia, Bangladesh, Etiopía, India, Filipinas, Nepal, Paquistán y Yemen.

* Originalmente publicado en Diásporas el 17/01/2015

© Copyright por Ferran Barber & Diásporas 2014

Categorias
DestacadosNoticias

VERITAS filia temporis. Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
Sin comentarios

Deja una réplica

Te podría interesar también