Los cables de Wikileaks confirman la obsesión de los saudíes por Al Andalus

Los "amigos españoles" de Riad siguen obsesionados con España y pretenden extender su influencia sirviéndose de sus mezquitas y de canales como Córdoba TV

Los cables de Wikileaks revelan que los “amigos españoles” de Riad siguen obsesionados con Al Andalus. Pretenden extender su influencia sirviéndose de sus mezquitas, de canales como Córdoba TV, financiando conferencias o pagando a periodistas.

Joven saudí, en el interior de Arabia. Los nacionales del país constituyen una casta privilegiada, a menudo, de parásitos subvencionados por su gobierno. Fotografía por Ferran Barber.

El Ramadán en Arabia Saudí: cada llamada a la oración, el país se paraliza. Las calles de Riad permanecen vacías hasta la caída del sol. Fotografía por Ferran Barber.

RIAD | BARCELONA | FERRAN BARBER. Sabíamos ya por otros cables publicados hace ahora cinco años que la monarquía medieval saudí ha impuesto un modelo de gobierno basado en la segregación racial, la esclavitud y una visión rigorista, desquiciada, violenta y herética del Islam -el wahabismo- mientras tolera que los cachorros de su realeza organicen bacanales al grito de “sexo, droga y rock and roll”. Un primer examen realizado por Público de una pequeña parte de los cables diplomáticos saudíes referentes a España y liberados el pasado viernes por Wikileaks viene, ahora, a confirmar que los custodios de las Dos Mezquitas Sagradas siguen suspirando por Al Andalus.

Los cruces de mensajes entre las embajadas y la administración saudí arrojan también alguna luz sobre los procedimientos de los que se sirven para extender su influencia en España. Sólo la opulencia de estos jeques, su astuto juego de alianzas y los suculentos contratos millonarios con los que compran voluntades han impedido hasta la fecha que su país sea tratado como un “estado-paria”. En no pocos aspectos, su modelo de gobierno se asemeja al de Daesh (Estado Islámico, de acuerdo a sus siglas árabes), como bien saben los cristianos filipinos o los musulmanes e hindúes bengalíes a los que a menudo esclavizan bajo el paraguas legal de unas leyes laborales y civiles medievales.

Sólo a un régimen tan extravagantemente autoritario y brutal como el Saudí se le hubiera ocurrido reaccionar al escándalo de Wikileaks dirigiéndose a sus ciudadanos para que ignorasen “esos cables falaces en beneficio del país”. En las redes sociales de los estados del entorno árabe se leían esta semana comentarios jocosos de esta guisa: “Como siempre, pretenden que actuemos como burros”. Obviamente, no es ninguna coincidencia que les haya explotado la bomba informativa en el noveno mes lunar del calendario musulmán.

Distopía saudí
Arabia en Ramadán es una pesadilla postapocalíptica. La gente cuenta los minutos hasta el iftar, la comida nocturna que pone término al ‘sawm’ o ayuno, y se refugia en los patios y las casas a dormitar como lagartos hasta el atardecer. Pasear por las desiertas avenidas de Riad tratando en vano de agarrarse de la estela de
algún taxi es una experiencia de una intensidad emocional incomparable. Hasta que cae la noche, ni un alma camina por las calles de esta ciudad abrasada por la cosmogonía de un camellero árabe. La policía para la Promoción de la Virtud y la Prevención de los Vicios se emplea, más que nunca, a fondo. Algunas unidades
llevan en las hombreras un ojo aterrador, que es a su vez una advertencia, cuando no una inspirada concreción del Big Brother beduino.

Claro que la sociedad de los custodios de la fe islámica parece igualmente concebida a imagen y semejanza del Brave New World de Huxley (Un mundo feliz). El sistema de castas perfilado por el escritor norteamericano en su novela es un reflejo casi perfecto del mundo de los jeques. De una lado, los alfas de la familia saud y sus amigos, una clase ociosa de parásitos conectados por una compleja red social basada en el favor recíproco. Y de otro, los emigrantes bengalíes, paquistaníes y filipinos, esclavizados con la soma de los petrodólares. Arabia es una perfecta traducción al árabe del apartheid surafricano, además de una horrenda encarnación de una distopía ciberpunk.

Los cables publicados por Wikileaks vienen a demostrar lo que, en el fondo, ya sabíamos, que el Gran Hermano wahabita también está fisgando en la entrepierna de los musulmanes españoles. A juzgar por el centenar y medio de comunicados alusivos a España que ha examinado este diario, los servicios de información de la embajada dan cumplida cuenta de los más mínimos detalles referentes al desarrollo y los avances del Islam en nuestro país. Cuando la ocasión lo merece, es informado incluso el rey y, por supuesto, los ministros.

De las comunicaciones de sus servicios diplomáticos se colige que España es un objetivo preferente dentro de su cronograma para la islamización del mundo. Muchos de los actos organizados y financiados por el Gobierno de Riad no van tanto dirigidos a los musulmanes de origen extranjero como a los conversos españoles. Ampliar su número y atraerlos a su área de influencia es, a juzgar, por los cables, una de sus principales obsesiones.

Odian casi tanto a Irán como a los israelíes y hace ahora tres años se sirvieron de España para librar una encarnizada guerra mediática que culminó en la creación del canal musulmán Córdoba TV, al que hace alusión un número significativo de cables. Esta cadena con sede en San Sebastián de los Reyes (Madrid), fue la respuesta de Riad a la iraní Hispan TV. Entre los comunicados más intranscendentes de la embajada, se hallan un buen número de extractos de prensa donde se toma el pulso a la opinión pública española, en relación a ambos proyectos (ver documento 3 de información anexa sobre los cables saudíes).

Córdoba TV contra Hispan TV
“Muy secreto. Muy urgente. Les informamos de que el Ministerio ha recibido una carta de la Embajada de España en Riad (adjuntamos fotocopia con la traducción), sobre las intenciones de Abdel Aziz Fauzan, hijo del jeque Saleh Fauzan (miembro del Consejo de los Ulemas) de establecer un cadena de televisión en Madrid con el nombre de Córdoba, que se espera que empiece a emitir el próximo mes de octubre [de 2012]. También nos explican la posición del Gobierno español al respecto. Esperamos que esa embajada nos mande información detallada sobre dicha cadena, junto con sus opiniones y sugerencias de cómo tratar ese asunto”, se afirma en uno de los cables traducidos por Público (ver documento 2 de información anexa).

La visión rigorista y violenta del Islam que los saudíes subvencionan en España no impide que traten salvajemente en su país a los musulmanes procedentes del Magreb o Asia. En la imagen, un mercado de la capital. Fotografía por Ferran Barber.

Algunos días después, el propio ministro de Asuntos Exteriores, Saud Al Faisal, recomendaba en otro cable responder de este modo a los recelos del Gobierno de Rajoy (ver documento 3): […] “la cadena de TV en cuestión es un canal privado y la inversión pertenece a la fundación Risalat Al Islam, esa fundación tiene como presidente del consejo de administración al jeque Abdullah bin Munia. La cadena será supervisada por el Dr. Abdul Aziz Al-Fawzan (profesor de Jurisprudencia Comparada en el Instituto Superior de la Judicatura). Ni el gobierno de Arabia Saudita ni su embajada tienen conexión con dicha cadena. […] así que la decisión de dar autorización o no solo incumbe al gobierno español, de conformidad con sus leyes y reglamentos nacionales”.

La creación de Córdoba TV se inscribía, entre otras cosas, en el contexto de la guerra que los saudíes sostienen contra el denostado Irán para extender su influencia por España y América Latina. En vísperas de la apertura de este medio de comunicación, se desencadenó una auténtica carrera contrarreloj para imponerse a Hispan TV.

Por otra parte, de los cables se deduce que el Gobierno español intentó detener o, al menos, obtener garantías adicionales, antes de otorgar las licencias. Que los saudíes adujeran que se trataba de una iniciativa privada era, cuando menos, irrisorio, dada la proximidad de sus principales accionistas a los gobernantes del país. Ambas cadenas pasaron finalmente a formar parte de la parrilla digital española, en parte gracias al descontrol que se produjo en la adjudicación de las licencias. No se conoce otro caso similar en el entorno geopolítico de Occidente.

Sumisión a Arabia 
Si alguien tenía alguna duda acerca de que la llamada “mezquita de la M-30” de Madrid se halla bajo la influencia de los mecenas wahabitas que la financiaron, ésta queda descartada por numerosos cables. “El director del Centro Cultural Islámico informa de que está preparando la interposición de una demanda contra el escritor (Enrique de Diego) por sus ofensas contra el Islam y los musulmanes y por poner en la portada del libro la foto del centro islámico junto a uno los trenes que fue atacado por terroristas el 11 de marzo, en Madrid, lo cual supone una ofensa al Centro Cultural Islamico que es un minarete cultural”, se lee en otro documento (ver el cable número 4). El mencionado escritor es Enrique de Diego, un periodista vinculado al ala más dura de la derecha española que, en la actualidad, colabora con Alerta Digital.

El libro fue publicado por Rambla, en 2010, y tal y como señala el cable, asociaba el Centro Cultural Islámico, situado en la calle Salvador Madariaga de Madrid, al atentado terrorista cometido en nuestro país. Lo verdaderamente significativo de este cable es que los responsables de la macromezquita consultaran a los funcionarios de la embajada acerca del modo en que debían proceder.

Los cultos diferentes al Islam sunní no están autorizados dentro de Arabia Saudí. En la imagen, un asirio de origen sirio, muestra un tatuaje en el interior de su vivienda, en la capital saudí. Fotografía por Ferran Barber.

Pago a los imanes españoles
Mucho más sorprendente resulta el hecho de que fuera el propio Gobierno de Rajoy quien aceptara abiertamente que las monarquías medievales del Golfo financiaran y proporcionaran asistencia técnica a las comunidades musulmanas españolas. Ni es nuevo ni desconocido que el Ejecutivo español se sirvió en 2011 de sus servicios diplomáticos para intentar persuadir a Kuwait, EAU, Qatar y Arabia Saudí, de que efectuaran sus donaciones a los proyectos de las comunidades islámicas españolas a través de las solicitudes tramitadas por la Fundación para la Diversidad y la Convivencia. Durante las reuniones mantenidas hace ahora cuatro años, se repartió un folleto que aparece traducido entre los cables (ver número 7), donde se fijaban las condiciones que debían cumplir los candidatos.

El Gobierno de Rajoy trataba de crear algún mecanismo de control sobre el dinero que destinan las petromonarquías a los musulmanes españoles. “Tengo el honor de dirigirme a usted) para informarle del deseo del ministro (secretario de Justicia español) de que la asistencia técnica (y la normalización de los pagos a los centros islámicos” se lleve a cabo a través de la Fundación para la Diversidad y Convivencia, promovida por el gobierno español para apoyar las religiones de las minorías”, se afirma en otro de los cables (ver número 6)

Es significativo que el Gobierno conservador del PP apoyara de esta forma tácita la financiación de imanes por países extranjeros de dudosa credibilidad mientras otros países europeos como Austria o Noruega se aprestaban a prohibir la financiación saudí, amparándose en el principio de reciprocidad que defiende el Vaticano. “¿Cómo puede permitirse que financie los imanes que impartirán clases de religión en España un país que ni siquiera tolera la práctica del cristianismo denro de sus fronteras?”, adujeron en su día los contrarios a esta iniciativa. Tal permisividad es comprensible, en todo caso, a la vista de los suculentos contratos que venían negociándose para empresas españolas y que culminaron en la adjudicación de la línea de tren de alta velocidad que conecta La Meca y Medina.

Islamización de España
Por otro lado, llama igualmente la atención la importancia que confirieron los saudíes al asunto. Incluso el rey fue puntualmente informado de todas estas cuestiones, según consta en los cables traducidos por este diario. Este hecho sólo puede entenderse a la luz del interés y el carácter estratégico que los saudíes confieren a España en sus planes de islamización. Otro de los cables (ver documento número 5) abunda e ilustra certeramente este hecho.

Asimismo, varios mensajes consulares se refieren al interés de los custodios de las Dos Mezquitas Sagradas por contar con españoles cubriendo el Hayy (o peregrinación a La Meca). Estaban dispuestos incluso a pasar por alto sus estrictas condiciones (entre ellas, se entiende tácitamente, la de que fuera musulmán), si conseguían que un conocido medio español de comunicación enviara un periodista a cubrir esos eventos religiosos. Hay también un número significativo de cables dedicados a la organización de una conferencia sobre jurisprudencia islámica, especialmente dirigida a los “conversos españoles”.

A juzgar por este primer ‘pack” analizado por Público, la verdad es quincalla en el bazar de los petromercachifles con turbante saudíes. Han trapicheado con ella como tahúres y gracias a sus amigos de Occidente, al poder que da el dinero y a su fascinante habilidad para convertir lo tuerto en recto, vienen ganando la partida. ¿Significa esto, en cualquier caso, que hayan patrocinado directamente el terrorismo islámico o auspiciado el reclutamiento de radicales yihadistas? Si hemos de dar crédito a un informe del CNI filtrado en 2011, por El País, eso es rigurosamente incierto. Lo que sí han contribuido a crear es la atmósfera propicia en la que estos movimientos radicales han cobrado aliento.

De acuerdo a ese mismo informe elaborado hace cuatro años, seis son los países que, alentados por diferentes motivos, siempre espurios, patrocinan a las comunidades de musulmanes españoles: Arabia Saudí, Kuwait, Catar, Libia (la de Gadafi), Emiratos Árabes Unidos y Marruecos. El principal problema que el Centro Nacional de Inteligencia detectó fue la total falta de control sobre esos flujos financieros. En otras palabras, ni los saudíes ni el resto de mecenas magrebíes y wahabitas tuvieron siempre claro a quién daban su dinero.

En ocasiones, terminó incluso en manos de desaprensivos y buscavidas. El informe elaborado por las fuerzas españolas de seguridad apuntaba a Arabia Saudí como el más generoso de los patrocinadores del Islam español. Tal y como ahora confirman estos cables publicados por Wikileaks, el servicio secreto español subrayaba la sumisión total a Riad de los responsables de proyectos financiados con su dinero. Sin embargo, ni sus mezquitas, ni sus proyectos civiles se caracterizaban por su radicalidad.

Este no era el caso, por ejemplo, de otras comunidades musulmanas apoyadas por Kuwait. Según el CNI, en las dos mezquitas financiadas por los kuwaitíes hasta 2011 (Reus y Torredembarra) se fomentaba el odio hacia los no
musulmanes y se difundía un ideario contrario a los valores de la ciudadanía española.

¿Nido de terroristas?
Jamás se ha demostrado ninguna vinculación directa entre los responsables del Centro Cultural Islámico financiado por los saudíes y terroristas de inspiración wahabita. Sin embargo, es bien conocido que la mezquita de Omar, en Madrid, se convirtió en un lugar habitual de encuentro de los simpatizantes salafistas.

Hace ahora un par de meses, uno de los quince supuestos yihadistas de la llamada Brigada Al Andalus procesados por el juez Ruz, el argentino César Rodríguez, explicaba en una entrevista realizada por el suplemento Diásporas de Público, cómo había conocido al resto de los integrantes en la cafetería de la mezquita. Eso no significa, en ningún caso, que sus actividades estuvieran vinculadas a las de la mezquita o hubieran sido alentadas por alguno de sus imanes. De hecho, según las fuerzas de seguridad españolas, el problema no es tanto que los líderes religiosos de la mezquita Omar alienten la violencia, como que no la condenen explícitamente en sus sermones.

Hay quien pone en duda que los responsables de ese centro pudieran pasar por alto la presencia de conocidos radicales entre los que se hallaba incluso un ex preso de Guantánamo. Se han alzado también voces estos días que se preguntan a qué intereses obedece la filtración a Wikileaks de los cables saudíes y quién se ha hecho con el “alijo” informativo. De momento, la organización de Assange ha mencionado una ciberguerrilla yemení. Hasta el día de hoy, se han “liberado” alrededor de 60.000 cables, la mayor parte intranscendentes. Wikileaks guarda todavía para sí alrededor de 440.000 más.

* Información originalmente publicada en Diario Público el 27/06/2015.

© Copyright por Ferran Barber & Público 2015

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VERITAS filia temporis. Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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