Mis cien días en una cárcel de Irak tras combatir al ISIS

"Cada momento allá fue una pesadilla". Doctor Delil, uno de los brigadistas españoles encarcelados en el Kurdistán
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“No sabría decir cuál fue el peor momento de mi estancia en prisión porque cada momento allá fue una pesadilla”, asegura Marcos, un vigués de 47 años conocido con el sobrenombre de Doctor Delil, un día después de retornar al pueblo leonés donde reside -Rabanal del Camino- y donde hemos quedado citados para charlar de sus 95 días de cautiverio en una cárcel kurda en Erbil (Irak). Hasta la aldea se ha acercado también el brigadista gallego Arges Artiaga, recién llegado a España después de luchar contra el Estado Islámico en Raqqa (Siria).

Tanto el Doctor Delil como el onubense Agir y un tercer español conocido como Robin fueron detenidos el pasado mes de agosto por los servicios secretos del Gobierno Regional del Kurdistán (KRG) sin otro cargo conocido que combatir como voluntarios contra Daesh en las filas de las YBS, un grupo de autodefensa con base en la región iraquí de Sinjar creada por la guerrilla kurda del PKK para ayudar a la minoría religiosa yazidí.

Robin fue liberado después de 25 días de arresto. El jueves se supo que Agir, de 21 años, también había sido puesto en libertad después de pasar 115 días en la cárcel. Trece días antes había salido a la calle el propio Doctor Delil. Ninguno de ellos sabe todavía por qué fueron confinados y “torturados”, pero ambos coinciden en decir que su estancia en esa cárcel ha sido un verdadero infierno que jamás olvidarán.

“Podíamos oír los gritos”

Interior de la prisión de Erbil.

“En su primera noche aquí, en el pueblo, apenas conseguía conciliar el sueño y a menudo se despertaba, inquieto y agitado”, nos confiesa la pareja del vigués, mientras Doctor Delil dibuja un croquis de la prisión para ilustrar su traumática experiencia y el hacinamiento que padecían los reclusos del presidio. El edificio -aclara Marcos- se halla dentro del inmenso complejo amurallado de la Policía secreta kurda de Irak, conocida como la “Asayish”. Cada una de las ocho celdas que pergeña sobre el papel en blanco tenía 65 metros cuadrados y hubo momentos en que la suya llegó a albergar a más de 190 individuos.

“Había un único servicio por celda, cubierto de excrementos. Los días en los que disponíamos de espacio suficiente, dormíamos uno para cada lado y de costado, pero cuando traían a más gente teníamos que yacer apoyados unos sobre otros”, recuerda Marcos. “Ponían una televisión que sólo emitía versos del Corán recitados a un volumen brutal y música turca. Querían privarnos del sueño para que acabáramos volviéndonos locos”, añade. Y luego estaba el hambre: un poco de yogur para desayunar, arroz para comer y una pieza de fruta que debían compartir para cenar.

“Pasábamos el día de pie o tumbados a turnos excepto los 20 minutos que nos dejaban salir a un patio interior con un pequeño enrejado a unos 15 metros de altura. Caminábamos en círculo porque el espacio no daba para más”, añade el Doctor Delil.

Lo único que alteraba su agónica rutina era la celda de castigo, “de cinco pasos de ancho por seis de largo”. Allí recibió su primera paliza, poco después de ingresar en prisión. “Me metieron en aislamiento tras una visita de una delegación de la Embajada española. Después de pasar dos días completamente a oscuras, un grupo de cinco hombres entraron apuntándome a los ojos con una linterna, antes de machacarme a patadas y puñetazos. Me hincharon a palos”.

Los cuartos de castigo se hallaban justamente en frente de las celdas principales. No era solo un castigo individual; aquellos episodios de brutalidad mandaban un mensaje colectivo a los que permanecían al otro lado, en las celdas principales. “Incluso con la televisión a todo volumen, podíamos oír los gritos de dolor de los presos torturados”, explica Marcos.

Según el brigadista vigués, la Cruz Roja Internacional visitó la prisión en más de una ocasión para interesarse por el estado de los retenidos, pero sus carceleros recurrían a tretas para impedir que llegaran siquiera a imaginar lo que ocurría. “Era como el juego del gato y el ratón -recuerda-. Solían dejar un puñado de presos en las celdas y al resto nos iban moviendo de un sitio a otros por el edificio; nunca llegaron a vernos”.

“Hay más presos occidentales”

Los españoles liberados aseguran que en las cárceles del Kurdistán de Irak hay al menos un centenar y medio más de presos políticosviviendo en condiciones deplorables. De acuerdo a las estimaciones del Doctor Delil, treinta de ellos son occidentales y el resto, kurdos. “Bien es verdad que es difícil conocer con precisión tanto su procedencia como su número exacto porque existen muchas incógnitas”, precisa. “Nunca supimos nada, por ejemplo, de lo que pasaba en el sótano. Dicen que algunos allí llevan más de 15 años”.

Tanto Marcos y el onubense Agir como el resto de los reclusos combatían en unidades militares multiétnicas respaldadas por la coalición internacional que lidera Estados Unidospero perseguidas por los turcos por su vinculación con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), considerado terrorista por la Unión Euopea. Fuentes de la coalición interncional contra Daesh que lidera EEUU aseguran a El Confidencial que tenían constancia de que, en efecto, un número sin determinar de brigadistas permanece preso en el Kurdistán de Irak tras haber sido detenidos en tránsito desde o hacia el norte de Siria.

Seas del Daesh o del PKK es lo mismo para nosotros”, recuerda Marcos que le repetían sus captores. “La celda número 5 -dice-, era la de los presos del PKK”. Ellos y los yihadistas del Daesh con los que Marcos y Agir compartieron celda durante semanas eran los que peor trato recibían.

Intentos de suicidio

“Debido a las durísimas condiciones de este centro de detención reconvertido en penal, varios compañeros de celda trataron de suicidarse con la costura de las mantas o, en el caso de un turco, con un cable eléctrico. Cuando retiraron las costuras para impedir que alguien más lo intentara, algunos comenzaron a recurrir a los tapes afilados de los botes de yogur”, aclara por teléfono el onubense Agir, un par de horas después de haber sido liberado.

Ni siquiera le dijeron que su compañero Marcos había sido puesto en libertad. “Me aseguraron que le habían cambiado de celda, eso es todo”, cuenta Agir desde Erbil. Para poder volar de regreso a España, vía Bagdad, tendrá que abonar una multa de algo más de 3.000 euros por exceder el tiempo de estancia legal que establecía su visado de 30 días. “Lo que es incomprensible es que me hagan pagar también 20.000 dinares iraquíes por cada uno de los 115 días que he permanecido preso. Aun así, voy a pagarlo porque no tengo más opción”, dice.

“Sabíamos a lo que vinimos y los riesgos que corríamos cuando decidimos venir a luchar como voluntarios contra el Daesh, pero antes de vernos envueltos en esta situación ignorábamos que existen cárceles del Kurdistán donde se dispensa un trato equiparable al de las peores dictaduras del planeta, y ello incluye la simulación de fusilamientos y ejecuciones sumarísimas”, concluye el Doctor Delil. Daban Shadala, cónsul del Gobierno regional kurdo en Madrid, asegura a El Confidencial que la razones que explican esta detención hay que buscarlas en que los brigadistas “han estado involucrados en actividades militares en Siria y en el hecho de que han cruzado las fronteras de ambos países de forma ilegal”.

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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