No encontrarían el callejón Lubianka ni aunque le saltara entre las piernas

A veces, uno se siente como Chejov, escribiéndole a Olga Kniepper: "Telegrafíame veinte rublos de palabras y te amaré durante los próximos veinte años"
 Por azar hemos dado con este escrito que publicamos hace ahora once años, antes incluso de la MADRE DE LAS RECESIONES. Resultó premonitorio, aunque algunos de los nombres que mencionamos han pasado al olvido. Os recuerdo que en aquel entonces, en 2005, nos llamaron retrasados, amargados y aguafiestas.

Barcelona | Ferran Barber. – Es curio so hasta qué punto España se sigue pareciendo tristemente a la de Josep Pla. De todos modos, esta fue mi reflexión y aquí la dejo, por si pudiera seros de alguna utilidad. Amo, sobre todo, a mis amigos, porque nunca formarían parte de una revolución donde los admitieran como socios.

De hecho, no formarían parte de ninguna revolución. Serían los primeros en inaugurar la guillotina. La única trinchera buena es la que guarece a los poetas. Lamentablemente, algunos no servirían para Mayakovski. No encontrarían el callejón Lubianka ni aunque les saltara entre las piernas. Pero mis amigos, sí. Como escribía no hace mucho, a veces, uno se siente como Chejov, escribiéndole a Olga Kniepper: “Telegrafíame veinte rublos de palabras y te amaré durante los próximos veinte años”. A veces, uno se siente como Sartre susurrándole a Beauvoir y al resto del mundo: “Os amo mientras pongo atención a las cosas externas. El otro día os amé deliberadamente. Hoy os amo en una noche de invierno. Os amo con la ventana abierta, y mi amor cambia las cosas a mi alrededor y las cosas cambian mi amor”.

Quizá no acabéis de ver la relación entre el contenido de este blog y lo que acabo de dejar escrito. A nosotros nos resulta obvia. De hecho, todos los problemas del mundo tienen que ver de uno u otro modo con algunas de las cuestiones que abajo mencionamos.

UNA GRANDE Y KITSCHLAND (2005)

Munch decía que pintaba de memoria paisajes ya olvidados de días lluviosos “sin añadir nada”. Además de pintor, era un poeta, y los poetas sacrifican a menudo la verdad a la belleza. Por eso mentía.

 

El auténtico acto artístico desafía siempre al mundo, lo transfigura y lo reinventa… Entre los girasoles y los girasoles de Van Gogh está Van Gogh, haciendo que los girasoles sean más girasoles o, llegado el caso, que su ondulante reflejo mutilado sea más Van Gogh que él mismo.

Vincent emboscó a la noche en algún rincón de la Provenza y doblegó, a su modo, la materia para devolvernos algo que es más noche y más estrella.

Van Gogh nunca creyó que la belleza fuera una propiedad real de las cosas. La belleza era, a su juicio, una especie de “posibilidad o potencialidad que nosotros podemos percibir” y que, por alguna razón, él era capaz de alumbrar. “Amore est titilatio”, nos reveló Spinoza. Exactamente igual que la belleza, “penetra en los tejidos del organismo y pone una pequeña vibración en nuestra víscera cordial” (Josep Pla). Vincent emboscó a la noche en algún rincón de la Provenza y doblegó, a su modo, la materia para devolvernos algo que es más noche y más estrella.

¿Conocéis la vibración de la que hablaba Plá? Yo juraría que sí. También él, como Van Gogh o Munch, “halló la línea fluctuante que atraviesa la realidad en toda su extensión” para legarnos, en forma de palabra, jirones de sentido. Y dejad que os diga algo: nada me conmueve más que observar a los humanos desenredando la madeja que enmaraña su destino.

En El grito de Munch –“arte demente” lo llamaron- cabe el dolor de nuestra especie. Las estrellas de Van Gogh son la culminación de todos nuestros sueños de perfección y de armonía. Vincent emboscó a la noche en algún rincón de la Provenza y doblegó, a su modo, la materia para devolvernos algo que es más noche y más estrella.

Ahora decidme, traficantes de realities, palurdos mercachifles de la pornopolítica, camellos españoles del rumor y la maledicencia, popes ibéricos de la gran cadena, talegueros carceleros del peninsular show-business, decidme, sin favor, ¿qué lugar ocupa Gran Hermano o ese cantante rubio de los rizos en la ecuación compleja de la experiencia artística?; ¿en qué parte del puzzle pondremos a todos esos contertulios omniscientes y sus conversaciones como callejones sin salida? ¿Qué lugar reservaremos a los 40 que mataron a la estrella de la radio libre, a Aída Nizar y Tele 5?

Yo también amo a Van Gogh, como amo a Pete, de una forma “extravagantemente mía”. Amo, por citar alguno más, a Celine, Kandinski, Carver, Conrad y a Bob Dylan; a Kapuscinski, Sica, Cave, Chejov, Dostoievsky, Hammet y Magnani. Y los amo, más que nada, porque con todos ellos he contraído una gran deuda de conocimiento y de belleza. En ellos reconozco al ser humano abriéndose una trocha en la jungla cenagosa de su propio, aturdido, extrañamiento.

España, sí. España. Una y grande Kitschland. Palurda e ignorante. Intolerante y peluquera. Patio de Monipodio y tertulia de hilanderas.

José Antonio Marina reconoce su fulgor – el fulgor de la belleza– “en la vida diaria, en las formas del amor, en los modos de suscitar alegría, en la realización de la Justicia, en la generosidad y en la veneración por la verdad”. “Poética de la acción”, lo llama él. O si lo queréis de otro modo, la belleza titila “cada vez que conseguimos elevar el estilo inventando en la realidad promesas de felicidad; cada vez que expulsamos a los vampiros y remontamos el caedizo espíritu de la pesadez, el aburrimiento, el desdén, el nihilismo, la perversidad y la bajeza”.

España, sí. España. Una y grande Kitschland. Palurda e ignorante. Intolerante y peluquera. Patio de Monipodio y tertulia de hilanderas. Maledicente, torva y envidiosa. Que corra el hormigón; que siga la verbena. De un lado, Salsa Rosa, el txiki-txiki y los Sardás “ad hoc” de turno hablándonos de “ share” y escupiéndonos audiencias, y del otro, yo mismo. Si me dais a elegir, me quedo con todos esos humanistas funcionarios de lo humano (artistas, músicos, escritores, pensadores, poetas, hermanos) a los que habéis convertido nuevamente en mártires de la inteligencia. No podéis soportar que no se rindan y se nieguen a enterrarse bajo una de vuestras hipotecas.

Si algún día la carrera, las necesidades o lo que sea, te llevan a vivir en España, nunca te mezcles con el ambiente de campanario

Eppure si muove, claro. Y yo, humildemente, os agradezco que empujéis, hermanos periodistas, hermanos artistas, hermanos pensadores, músicos, poetas… La vita e’ bella malgrado tutto, malgrado tutti.
A Josep Pla voy a robarle cuatro párrafos escritos hace más de medio siglo al más puro estilo del espejo stendhaliano para cerrar esta primera parte de mi bistec de pixel. Le cambié los nombres propios en mi propio beneficio, pero juraría que Josep lo aprobaría si estuviera aquí para leerme. Amo a Josep de corazón y, lo que es más importante, podéis estar segur@s de que Josep me hubiera acompañado al cine si me hubiese conocido:

“Si algún día la carrera, las necesidades o lo que sea, te llevan a vivir en España, nunca te mezcles con el ambiente de campanario, deprimente y bajo de techo, desprovisto de generosidad, poblado de maniáticos, indiferente e insensible. No vayas al café. No juegues a las cartas. No frecuentes tertulias estúpidas alimentadas con chismorreos pornográficos e insignificantes anécdotas políticas. Si lo haces, quedarás asfixiado por el ambiente. Todo lo verás a través de esa atmósfera infinitamente pequeña. El ambiente pueblerino satisface porque es cómodo, asequible, porque todo está al alcance de la mano. Pero la misma insignificancia de las cosas las convierte en un soporífero. Uno acaba confundiendo a Napoleón con la cabeza de los vigilantes nocturnos y a Mr. Churchill, con el oficio de secretaria. Cuando, a través de esta inmersión en este ambiente queda uno intoxicado de tonterías, cuando la conciencia de la propia pequeñez infla desmesuradamente el fermento de la envidia, te sientes como vaciado por dentro; las ilusiones se desvanecen; los ideales pasan a tener la consideración de simples ridiculeces. Se pierde el sentido del humor y el de la paciencia. Se llega a ser un gigante del resopón o del siete y medio, un atleta del tresillo, un recordman del prostíbulo…”.

* Originalmente publicado en ferranbarber.es el 16/10/2014. Actualizado en Diásporas.es el 17/10/2014.

© Copyright por Ferran Barber & Diasporas 2005 / 2014

Categorias
OpiniónPersonal

VERITAS filia temporis. Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
Sin comentarios

Deja una réplica

Te podría interesar también