Silbadme, por favor, si alguna vez paso de largo

Hay demasiados tweets nerviosos interponiendo ante nosotros un bastidor de fruslerías

OPINIÓN, MUY PERSONAL. Por Ferran Barber

Originalmente escrito el 5 de julio de 2015

Tengo un contador de visitas en mi página de Facebook que me suele dar la medida, como a todo el mundo, de lo que a la gente le interesa. Ayer por la mañana colgué una canción de Oidupaa Vladimir Oiun en la que, literalmente, no repararon ni tres personas. Imagino que nadie apreciaría nada digno de interés en la apariencia de ese pequeño personaje de rasgos mongoles. Fíjate que yo hubiera podido pasar días escuchándole tocar en vivo. Y digo “hubiera” porque murió hace un año.

Supongo que parecerá extraño, pero el modo en que la gente pasó de largo me recordó a una rudimentaria grabación en vídeo del propio Vladimir, disponible en el Youtube, y realizada algo antes de su muerte. Vladimir aparece sentado sobre un parterre de hormigón. A su izquierda hay una señora con un vestido floreado, y a su derecha, otra mujer de parecida edad, impecable, vestida de domingo asiático, como quien se dispone a ir a misa, con pantalón blanco perlán. Es extraño observarla sobre una vieja maleta amarilla de madera, tan impostada y tan verdad al mismo tiempo.

Así que ahí está Vladimir, penetrando el universo de verdad y de belleza, con su voz gutural y su bayán… mientras la gente, los transeuntes, pasan de largo, completamente ajenos a la grandeza del acto artístico que se está produciendo ante ellos. Hay demasiada algarabía ahí fuera para las sutilezas de la auténtica belleza, demasiados tweets nerviosos interponiendo ante nosotros un bastidor de fruslerías y asfixiando entre trivialidades cualquier intento de aprehender la cola del lagarto. Eso es lo que sucede.

Los cantantes tradicionales de tuvá solían interpretar sus canciones en lugares con una acústica especial como cuevas o ríos. Es una música la suya a la medida de algo cósmico, inconmensurable, enorme. Enfatizaban los armónicos por encima del ritmo y muy frecuentemente, guardaban silencio en medio de las composiciones. Largos silencios. ¿Sabéis para qué? Para darle la opción a responder al río, a la cueva, a la naturaleza, al silencio. Amigo Vladimir, si alguna vez paso de largo, silba.

Por Ferran Barber

Originalmente escrito el 5 de julio de 2015

Categorias
OpiniónPersonalVídeos

Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
Sin comentarios

Deja una réplica

Te podría interesar también