So fucking sick of patriots…

Todo el mundo debería abandonar su tribu durante al menos quince años, y caminar por el mundo en soledad como un Jacobo Baradai post-tecnologico
Ferran Barber, en Raqqa.

PERSONAL, por Ferran Barber. Todo el mundo debería abandonar su tribu durante al menos quince años, y caminar por el mundo en soledad como un Jacobo Baradai post-tecnologico, durante el tiempo suficiente para regresar a su pedazo de terruño convertido en un patriota verdadero.

Patriotas terrestres. Todos somos italianos porque nos reconocemos en la belleza de las arias de Puccini o en la inmensa compasión de Malatesta o en la mirada verdadera e insondable de Magnani.

Somos más rusos que la zarina Alexandrova porque entendemos la humanidad de Dostoievski y hemos viajado en troika diez mil veces con Chejov por la estepa sicológica de sus sofisticados personajes. “El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos”, solía decir Fiodor. Gracias a Schubert somos todos austriacos. Ave Maria. Merced a Gorecki somos polacos. Berlineses somos igualmente por la gracia de Bretch. ¿A dónde fueron los albañiles la noche que terminaron la Muralla China?

La paz está en las matemáticas. Somos vascos como Blas de OTERO y catalanes como Caballé o Josep Pla porque todos reconocemos la vibración de la víscera cordial que conecta a cualquier forma de verdad incontestable. “Si algo me gusta, es vivir. Ver mi cuerpo en la calle, hablar contigo como un camarada, mirar escaparates y, sobre todo, sonreír de lejos a los árboles”.

Somos daneses. Forma parte de nuestra herencia primordial reconocer el horror agazapado de aquel grito universal donde quedo fijado de por siempre el dolor de los humanos. Somos checos y franceses porque todos hemos viajado, con Celine y con Conrad, al final de la noche y al corazón de las tinieblas.

Somos mas britanicos que el te a las cinco. Pronto cuatro días
se hundirán en noche; pronto cuatro noches pasarán en sueños, y entonces la luna, cual arco de plata tensado en el cielo, habrá de contemplar la noche de nuestra ceremonia.

Somos lakotas, kurdos y argentinos; somos armenios, japoneses y africanos, como los primates que temblaban en la jungla y dejaron en algún momento la sabana para mirar al otro lado. Todos atravesamos el Negev y cruzamos Bering y el Pacifico en una embarcación de juncos.

COPYRIGHT por Ferran Barber. Septiembre de 2017

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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