Telegrafíame veinte rublos de palabras y te amaré durante los próximos veinte años

Los besos epistolares no llegan a su destino porque se los beben los fantasmas

OPINIÓN MUY PERSONAL. Por Ferran Barber

Posteé esto hace un año, mientras viajaba hacia LALESH, pero vale para ahora. A menudo uno pasa meses fuera de su tierra, completamente solo, y por alguna razón que yo mismo ignoro, le asaltan pensamientos o emociones singulares. Ponerlas por escrito, siempre me ha ayudado a combatir la soledad del viajero y el desvalimiento de vivir en tierras extrañas y remotas. Este año me he propuesto detenerme algunos meses a contar mis experiencias de estos últimos años en al menos dos libros. Todos estos post con los que fui sembrando mis perfiles en las redes sociales me ayudan sobre todo a recordar mis atmósferas emocionales. Este será el contexto personal de las historias de orientación periodística que estoy tratando de narrar.

VEINTE RUBLOS DE PALABRAS. Agosto de 2015. Todo el mundo tiene sueños, ¿no es cierto? El mío es que se me trague la tierra. Ser capaz de hallar el modo de retirarme a vivir en algún sitio sin smartphones e Internet, sin hogueras de las vanidades, ni dating sites, ni chats, ni Facebooks, ni reportajes, ni mensajes electrónicos. Fue el sueño de Thoreau, y algo más tarde del demente de Unabomber. Encontrar un lago Walden a la medida de uno, una cabaña escandinava donde refugiarse quince inviernos.

En cierta ocasión, Kafka le escribió a Milena que los besos por escrito no llegan nunca a su destino, se los beben por el camino los fantasmas. “Con este abundante alimento se multiplican, en efecto, enormemente”, le escribió Franz a su amada. Aquello fue premonitorio. “La humanidad lo percibe y lucha por evitarlo -decía Kafka-; y para eliminar en lo posible lo fantasmal entre las personas y lograr una comunicación natural, que es la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano. Pero ya no sirven, son evidentemente descubrimientos hechos en el momento del desastre. El bando opuesto es tanto más calmo y poderoso; después del correo inventó el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilos”. E Internet, añadiría yo. “Los fantasmas no se morirán de hambre, y nosotros en cambio pereceremos”.

A veces, uno se siente como Saint Exupery asesinando al principito y a punto de partir en SU ÚLTIMO vuelo aéreo de reconocimiento. A veces, uno se siente como Chejov, escribiéndole a Olga Kniepper: “Telegrafíame veinte rublos de palabras y te amaré durante los próximos veinte años”. Estoy dispuesto incluso a correr el riesgo de que los fantasmas me arrebaten tus besos telemáticos. En fin, no sé, hoy me ha dado por escribir esto, mientras recordaba aquellas líneas que en su día le susurró Sartre a Beauvoir: “Te amo mientras pongo atención a las cosas externas. El otro día te amé deliberadamente. Hoy te amo en una tarde de verano. Te amo con la ventana abierta. Eres mía, y las cosas son mías, y mi amor cambia las cosas a mi alrededor y las cosas cambian mi amor”.

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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