Yo también soy un yihadi

Podría vivir el resto de mi vida entre musulmanes

MUY PERSONAL. Por Ferran Barber. Escribí este puñado de párrafos el 25 de agosto de 2017, poco antes de abandonar ALBANIA con destino a MACEDONIA.

Mientras dejaba atrás Albania hoy, he leído que un grupo de adolescentes marroquíes habían sido atacados por españoles y me he sentido exactamente igual de conmocionado que cuando supe de lo ocurrido en Barcelona. He pasado más de un tercio de mi vida en países musulmanes; he ayunado no menos de ocho ramadanes por respeto a mis amigos y sé, por experiencia propia, que las sociedades verdaderamente musulmanas son atmósferas humanas regidas por fuertes principios morales y caracterizadas por el respeto al otro.

Podría vivir el resto de mi vida entre musulmanes y, de hecho, mi primera reacción tras lo ocurrido en Barcelona fue acudir a ellos en busca de respuestas, a sabiendas de que han sido y siguen siendo las mayores víctimas del ISIS o Al Qaeda. Supongo que tuve la suerte de ser educado del modo en que lo fui, en el respeto al otro… y que de alguna forma, mi madre supo inculcarme la curiosidad intelectual por cuanto no conozco (mi madre era cristiana, yo diría que de las buenas). “Sé inteligente, sé justo”, acostumbraba a repetirme como una letanía mientras me persuadía, a su manera, de los peligros del totalitarismo nihilista.

A día de hoy, si no me falla la memoria, hay alrededor de 1.700 millones de fieles de esa religión en el mundo. No habrán de pasar muchas décadas hasta que su número supere al de los cristianos (tampoco consigo verle la gracia a lo de profanar altares; como provocación, me resulta kitsch y demodée). Sembrar el odio contra los seguidores del Islam equivale a atacar a la humanidad entera o a una parte muy significativa de ella, por muy opiáceas y socialmente narcotizantes que acostumbren a ser las visiones políticas inspiradas en las religiones.

Ciertamente, no simpatizo en absoluto con las visiones rigoristas de algunas sectas islámicas, nada minoritarias, porque entiendo que son una china en el zapato para la emancipación de los propios musulmanes, pero entiendo la complejidad del mundo -aunque no alcance a comprender todas sus variables- y sé que mucha de la rabia proyectada con la coartada religiosa tiene profundas causas económicas. Hoy dejé atrás Albania con la certeza de que, inshalla, regresaré. Hacía muchos años que no tenía la fortuna de compartir mi vida y mi tiempo con un pueblo tan generoso y tan lleno de hermosos valores humanos como el albanés. Albania es un país mayoritariamente musulmán.

Hace ahora un par de horas, apoyado en el alfeizar de la ventana de mi hotel -está a sólo algunos metros del lugar donde Javier Solana se reunió en Kosovo con los responsables de la OTAN para poner en su lugar a Serbia- he escuchado a un almuecín llamando a la oración desde alguno de esos minaretes que se yerguen, enhiestos, entre las casitas de las colinas ondulantes de Pristina. Como siempre, he sentido un profundo estremecimiento, el que acostumbra a producirme la belleza en cualquiera de sus formas.

Inmediatamente después, me han venido a la cabeza unas palabras de Al-Ghazali, un místico de origen persa: “Declara tu yihad contra trece enemigos que no pueden verse: vanidad, arrogancia, presunción, egoísmo, avaricia, lujuria, intolerancia, ira, mentira, trampas, chismes y calumnias. Si puedes dominarlos y destruirlos, entonces, podrás luchar contra los enemigos visibles”.

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Reportero. dos o mas veces guardameta. Más de 25 años dando cuenta de los rotos y los descosidos del planeta. Autor de una novela, dos libros de viaje y realizador de varios documentales sobre temas informativos de actualidad. Allere flammam VERITAS.
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