¿El mono asesino?

Por Ferran Barber Cuando estudiaba Periodismo en la Complutense había un profesor cuyo nombre no mencionaré con simpatías estalinistas. Si no me falla la memoria, el propio Eric Honecker...

Por Ferran Barber

Cuando estudiaba Periodismo en la Complutense había un profesor cuyo nombre no mencionaré con simpatías estalinistas. Si no me falla la memoria, el propio Eric Honecker le dio cierta medalla al mérito cultural.

En uno de sus libros, se mencionaba un periódico de la Unión Soviética como ejemplo de horizontalidad. Se suponía que planteaba una ruptura con el clásico esquema comunicacional de Berelson: emisor-receptor-canal-código-mensaje… Era un diario hecho por los lectores o, por así decirlo, un tablón de anuncios. Imaginar aquello nos resultaba fascinante, aunque en honor a la verdad, nos costaba comprender el concepto. El concepto, en realidad, era la World Wide Web, Internet.

Sigue siendo un sueño disponer de un espacio más o menos fuera del control y la tutela de los grandes nodos de poder; un espacio donde todos los humanos pueden realizar sus aportaciones sin que la casta de los gobiernos y los periodistas pongan la música. Pero maldita sea, hacen tanto ruido los tambores tribales que es cada vez más complicado escuchar o leer algo inteligible que valga el tiempo que le dedicamos. Demasiados trolls, demasiadas vísceras, demasiados haters, rumores y gente dispuesta a matar a su vecino.

El otro día -y no es una boutade- vi de nuevo aquella serie franco-canadiense sobre el origen del hombre con la esperanza de encontrar trazas de nuestra conducta en Lucy, la austrolopiteco, o en los Homo faber. ¿En qué parte de nuestro ADN se halla esa infinita capacidad para el odio y el prejuicio? Porque definitivamente, uno se pregunta… what’s wrong with us?

En fin. Creo que fue Albert Coen quien dijo que todos los hombres -y digo hombres- tenemos una parte de huérfano y nueve de babuino. La guerra siempre estuvo allí acechándonos; antes de que el hombre existiera, la guerra ya nos aguardaba; borboteando junto a las amebas en el caldo primordial; esperando su momento, aguardando a los humanos.

Pero no nos pongamos darwinistas. Sólo la solidaridad es tan humana como la violencia ideológica. Por eso el que calla, otorga. Otorga odio, otorga muerte, otorga pobreza…

Sobrevivimos a la sabana gracias a nuestra infinita capacidad para cooperar, para apoyar hombro con hombro. Éramos el más desvalido de los mamíferos y sobrevivimos a las glaciaciones y a los dientes de sable. Ahora que hemos dominado el mundo con la arrogancia de un idiota, necesitamos sobrevivir a nosotros mismos.

So… keep a little fire burning; however small, however hidden. 

Copyleft by FERRAN BARBER, 23 de abril de 2019

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Allere flammam veritatis.
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