Estos judíos españoles combaten bajo bandera israelí en el Tzahal

Un puñado de españoles sirven en el ejército israelí mientras Tel Aviv lleva a cabo una operación en Gaza a raíz de un ataque de Hamás. Algunos más se...

Un puñado de españoles sirven en el ejército israelí mientras Tel Aviv lleva a cabo una operación en Gaza a raíz de un ataque de Hamás. Algunos más se hallan en la reserva y podrían ser llamados en cualquier momento a combatir. Johnnatan K. es madrileño y Gabriel M., de Barcelona. Ambos saben qué es intervenir como soldado en los territorios palestinos. El catalán fue comandante de una Brigada de Paracaídistas.

Por Ferran Barber. Ver original en Crónica de El Mundo

Gabriel M. tiene 27 años y emigró a Israel desde España con 19 buscando sus raíces. “Al principio ni se me pasó por la cabeza unirme al Ejército”, dice. “Pero justo al poco de viajar allá, en 2012, me vi en medio de una operación conocida como “Amúd, Anán” (literalmente, el “Pilar de la nube”). Sonaban las alarmas en Jerusalén y teníamos que bajar a los refugios todo el tiempo. A todos mis amigos reservistas los llamaban para ir a combatir y empecé a sentirme un poco apartado y a entender que si no me alistaba en el Tzahal (Fuerzas Armadas de Israel), no sería jamás uno de ellos. A los veinte años me enrolé. Serví durante 18 meses, seis de los cuales los pasé como comandante de la Brigada de Paracaídistas”.

Gabriel es un madrileño de origen sefardí cuyas raíces familiares habría que rastrear en Tánger y Casablanca. No hay una cifra precisa de cuántos españoles y españolas están sirviendo en el Ejército israelí durante la presente crisis de Gaza, pero hemos confirmado a través de diferentes fuentes del Gobierno judío que “hay al menos un puñado”, muy probablemente, no menos de una docena. Otros muchos han hecho la Tzavá (la “mili” israelí) durante los años precedentes, aunque la cifra de peninsulares no iguala ni de lejos a la de argentinos o uruguayos, cuya comunidad de inmigrantes, en su mayoría ashkenazis, es significativamente mayor. De hecho, uno de los oficiales que se ocupa estos días del área de comunicación es uruguayo.

Incluso después de cumplir con sus obligaciones militares, todos los reservistas de la edad de “Gabi” deben entregar una semana al año a sus fuerzas armadas. Están siempre sujetos a la posible contingencia de que se les llame a combatir si la defensa nacional así lo requiriera. De momento, a él no le han reclamado todavía.

No ha resultado fácil dar con oficiales como Gabriel y menos todavía persuadirles de que cuenten su experiencia personal porque temen que el clima generalizado de opinión hacia el conflicto y hacia los a menudo denostados soldados israelíes podría comprometer su seguridad. Entre las reservistas hay también varias chicas. Finalmente, convinimos omitir sus apellidos y pixelar las fotos.

Con los paracas

El comandante judeo-español de la Hativat HaTzanhanim (Brigada de Paracaidistas) conoce desde dentro la naturaleza de enfrentamientos como el de estos días porque él mismo ha tomado parte en incursiones similares. En 2014, por ejemplo, fue desplegado en Gaza durante un operativo bautizado con el nombre de “Margen protector”. “Hay más españoles, eso es seguro. Aunque me consta que no muchos. Diría que alrededor de diez. En cierta ocasión, alguien detectó mi fuerte acento castellano y me preguntó de dónde era. Le dije que de España y él me respondió que venía de Salamanca. Hasta no hace demasiado, no era necesario hacer la mili para obtener la nacionalidad israelí. Yo me alisté como voluntario. Pero ahora es obligatorio”. Hay también cursos para extranjeros. Es preciso, eso sí, tener un conocimiento básico de hebreo. En las filas sirven igualmente drusos y cristianos israelíes.

Gabriel vive en la actualidad en Tel Aviv como civil. “Del lado israelí, la gente está asustada. Se escuchan sirenas durante el día y la noche y además, ahora avisan con antelación de la caída de cohetes de Hamás, así que no es posible llevar una vida normal. Mis padres residen cerca de la capital y están acojonados. Yo lo llevo mejor porque ya sé que es sentir que un misil te caiga a menos de tres metros. No es lo mismo disponer de tres segundos para ponerte a salvo que tener un minuto entero como sucede ahora para correr a las escaleras. Mi novia vivía en Yafo, al sur de Tel Aviv, pero se mudó a mi piso porque allí ya no se puede estar. Y aun así nuestra vida cotidiana está hecha muy alterada. El otro día vinieron unos tipos en moto y lanzaron un cóctel molotov contra la sinagoga que hay bajo el inmueble en el que vivo. Al final, fue un árabe de nuestro barrio quien ayudó a apagar el fuego. Los que hacen esas cosas suelen ser gente de fuera”.

“Pues claro que sentía temor antes de entrar. No es algo divertido, ¿sabes? Pero una vez cruzas la frontera, es como si se disparara cierto interruptor interior”.

Cuando estuvo en el Tzahal en calidad de comandante, Gabi se introdujo en Gaza varias veces con un fusil entre las manos, aunque no apretó nunca el gatillo. “¡Baruj Hashem! [¡Gracias a Dios!], jamás tuve que hacerlo”, dice. “Tomé parte en algunas detenciones de palestinos y conozco bien el protocolo de actuación en situaciones de peligro, que es muy claro. Primero, el arma debe llevar el cargador, pero sin cargar. Si alguien viene hacia ti y tiene la posibilidad de hacerte daño, debes gritar dos veces en árabe ‘detente’. Si eso no funciona, hay que añadir ‘detente o disparo’ y si a pesar de eso, observas que pretende hacerte daño, tienes que disparar primero hacia las piernas, por debajo de la cintura. A mí siempre me ha parecido todo eso un poco raro, pero esas son las normas. Obviamente, en las guerras se actúa de forma diferente”.

Este judío español ha servido en el Tzahal, o Ejército de Israel.

Aunque estuvo desplegado casi siempre en Gaza, el madrileño sirvió también un mes en Hebrón, una ciudad palestina situada al sur de Jerusalén. “Todo es particularmente feo y complicado en ese lugar. Siempre hay misiones en las que uno se siente menos confortable. Recuerdo haber tomado parte en una operación para proteger un corredor a la Tumba de los Patriarcas. Ya sabes, durante la Pascua se reservan algunos días para el culto exclusivo de los judíos y los musulmanes no pueden acceder a la zona. Se experimentan sentimientos muy intensos mientras se opera en esos escenarios”.

De acuerdo a la experiencia de Gabriel en Gaza, el miedo siempre está presente. “Pues claro que sentía temor antes de entrar. No es algo divertido, ¿sabes? Pero una vez cruzas la frontera, es como si se disparara cierto interruptor interior. Entonces, el miedo se disipa y te limitas a hacer lo que tienes que hacer. Uno puede morir y lo sabemos. En cierta ocasión, estaba en una ventana y escuché por la radio que había francotiradores. Salté del alféizar inmediatamente y volaron tiros sobre la ventana. Y aun así, no me quejo. Yo salí bien parado si me comparo con amigos que han sufrido un trauma muy profundo”. Como en todas las fuerzas armadas, también se han registrado suicidios entre los soldados israelíes.

Su visión del conflicto

Obligado resulta preguntar a este comandante madrileño del Ejército judío por su visión de lo ocurrido en un momento en el que Netanyahu y el conjunto de los israelíes está haciendo frente a un aluvión mundial de críticas furiosas y de acusaciones de apartheid. Gabriel dice ser consciente del dolor de las dos partes. “Se juntaron ciertos problemas de propiedad entre judíos y árabes con la tensión del Ramadán, que es siempre una época complicada, y los incidentes de la mezquita de Al-Aqsa. Solo que este año Hamás lanzó misiles al sur de Israel y el Gobierno decidió que no podía responder, tal y como venía haciendo, de acuerdo al principio de un misil por un misil. Durante los siete años en que Israel no ha estado en Gaza, Hamás ha hecho acopio de una gran fuerza armamentística en Gaza y el Gobierno ha decidido eliminarla para evitar que esto se repita dentro de seis meses y entremos en un bucle infinito”.

A su juicio, unos y otros van a salir perdiendo. “Toda esta situación es una mierda para nosotros. Y no dudo de que es peor aún para la gente que vive en Gaza, claro que no creo que deba culparse solo a Israel. Se dice que los palestinos están sufriendo más porque nuestro poder armamentístico y nuestra capacidad para causar daños es mayor. Es decir, se compara el sufrimiento entre ambos lados, y comprendo que se piense así. Entiendo que la persona que solo ve las fotos y el resultado final del enfrentamiento se diga: ‘Qué cabrones estos israelíes’. Pero a mí, que de una parte soy español pero de otra, al mismo tiempo, tengo mi lado sionista, me da mucha pena ver el modo en que los acontecimientos se presentan a la opinión pública. ¿Sabes?, el asunto es bastante más complicado que comparar el número de bajas y los ‘outputs’ finales. Hay una importante diferencia básica que veo ahora y que ya veía en 2014 cuando formaba parte de las tropas sobre el terreno: Tel Aviv intenta a toda costa impactar sobre objetivos exclusivamente militares de Hamás mientras que los islamistas intentan alcanzar deliberadamente a la población civil. Recuerdo que durante mi época en Gaza nuestros aviones lanzaban miles de flyers para pedir al vecindario que evacuara la zona sobre la que se iba a intervenir. Ahora se utilizan drones para advertir con antelación. Y eso, a pesar que se sabe que los terroristas van a estar más preparados ante la llegada del Ejército”.

Catalán en Israel

Al igual que Gabriel, la familia del barcelonés Johnnatan K, de 28 años, es de origen sefardí norafricano. Su padre era de Oujda y su madre, de Casablanca. Llevaban varias décadas residiendo en Marruecos cuando decidieron mudarse a Francia y España, respectivamente. Fue después del matrimonio cuando también el padre se trasladó a Barcelona, donde nació y creció Johnnatan junto a su hermano y su hermana. Allí vivió hasta su mayoría de edad en el seno de una familia a la que describe como tradicional pero poco religiosa. Al cumplir los 18, viajó a París para estudiar Comercio y en el transcurso del periodo de formación, decidió hacer unas prácticas de dos meses en Israel para profundizar sus vínculos con la patria ancestral de los judíos. “Fue la oportunidad de descubrir aquella tierra en muchos aspectos. Me gustaba la capacidad de innovación de los israelíes. Y a raíz de esa experiencia, me sentí tentado a tener una vida aquí”, dice.

“Lo que sí puedo decir con absoluta convicción tras haber estado un año y medio en el Ejército y después de vivir seis años en Israel es que las Fuerzas Armadas hacen todo lo posible para evitar los daños colaterales”

A los 22 años regresó nuevamente a Israel y decidió alistarse en el Ejército. “Toda persona judía tiene derecho a hacer la Alyá. Es decir, tiene el derecho a retornar a Israel por su vínculo con el judaísmo. Un español puede obtener la nacionalidad mediante un proceso muy corto de entre uno y tres meses. Yo quería aprender la lengua y como nuevo emigrante, se me ocurrió que la forma más rápida era alistarme en el Ejército”.

Un año y medio sirvió Johnnatan en una unidad de comunicaciones del Tzahal. Trabajaba junto a varios compañeros para el portavoz del Ejército, lo que le permitió conocer buena parte de las infraestructuras militares del país, así como las bases de las unidades especiales y de combate. También él conoce bien los escenarios de conflictos como los que se viven estos días. “A mí me pilló en Australia la guerra del Margen Protector, en 2014, y llevaba muy mal el hecho de estar lejos físicamente y al mismo tiempo, tan emocionalmente cerca de la guerra. Cuando un año después me instalé en Israel tenía muy claro que yo quería aportar también mi granito de arena. Quería explorar qué puede hacer el país por mí y qué puedo devolverle yo”.

De la misma manera que Gabriel, Johnnatan se enroló como voluntario. “Te asignan a una u otra unidad, en función de tus capacidades”, explica. El catalán nunca combatió en Gaza, pero estuvo y todavía sigue en contacto con los miembros de las unidades de élite que estos días operan en los territorios palestinos. “Es difícil para todos. Nadie quiere estar en una guerra y tener que disparar para defender a sus civiles”, afirma. “Piensa que al fin y al cabo, esos reclutas israelíes son niños de 18 o 19 años sujetos a una gran presión”.

“Lo que sí puedo decir con absoluta convicción tras haber estado un año y medio en el Ejército y después de vivir seis años en Israel es que las Fuerzas Armadas hacen todo lo posible para evitar los daños colaterales”, añade. “No estamos combatiendo contra la población palestina, sino contra Hamás, que es un grupo terrorista como Al Qaeda, Isis o Boko Haram. Hamás está poniendo en riesgo a su propia gente porque utiliza las casas de los palestinos para lanzar misiles y se sirve de la población como escudos humanos. Claro está, la opinión pública mundial termina confundida porque cuando Israel golpea un objetivo militar se suelen mostrar fotos que insinúan erróneamente que ha bombardeado edificios o escuelas llenos de niños y mujeres”.

Como sus compatriotas judíos, el barcelonés apela una y otra vez a su derecho a la autodefensa. “Desconozco cual es la solución pero no soy optimista porque hay demasiadas víctimas colaterales por ambas partes. Cierto es que la única forma de negociar la paz es disponer de alguien con quien sentarse a hablar y eso no es posible con Hamás porque lo único que desean es destruir al pueblo judío y eso no lo vamos a tolerar”.

Copyright por Ferran Barber & Crónica de El Mundo

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Allere flammam veritatis.
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